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Posts Tagged ‘Ut-Napishtim’

Poema 9
Tablilla XI
La esposa de Ut-Napishtim se apiada de Gilgamesh, que ha hecho un viaje tan largo y se ha enfrentado a tantos peligros, demostrando sobradamente su valentía y su tenacidad.
Ut-Napishtim condesciende a revelar un secreto que permitirá al héroe obtener la inmortalidad.

En el fondo del agua
crece una planta
una planta fragante

Apodérate de ella

En el fondo del agua
crece una planta
una planta mirífica

Apodérate de ella

Poema 10
Tablilla XI

Gilgamesh llega al fondo del agua y arranca la planta que renueva el aliento de la vida. Grande es su alegría. Cuando la coma, volverá para siempre a los hermosos años de la juventud.

Dos grandes piedras
ato a mis pies
y me sumerjo

Llego hasta el fondo
a tientas busco

Por fin la tengo

 

 
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Poema 7
Tablilla XI

El indigno proceder de los dioses es confirmado por Ut-Napishtim en su narración del diluvio.

Los dioses son
criaturas insaciables
que acuden presurosas
como enjambres de moscas
al olor del incienso
y de los sacrificios
tan sólo les importan
ofrendas, reverencias
complicados rituales

Poema 8
Tablilla XI

El gran regalo de la inmortalidad que los dioses hicieron a Ut-Napishtim y su esposa, no se repite. Ut-Napishtim desafía a Gilgamesh a permanecer despierto seis días y seis noches, pero el héroe está agotado y se queda dormido en cuclillas. Este decaimiento provoca las burlas de Ut-Napishtim que dice a su mujer: “Mira al hombre fuerte que desea la inmortalidad: el sueño lo ha vencido”.

Incansable viajero
¿qué fue de tu firmeza?
¿qué fue de tu valor?

 

 
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Poema 5
Tablilla X

Para llegar a su destino, Gilgamesh tiene que salvar las aguas de la muerte. Sólo el dios Shamash ha realizado esa proeza.
Acude entonces al barquero Urshanabi para cruzar ese mar de aguas negras y profundas, de aguas tan peligrosas que debe evitar cualquier contacto con ellas.
Si este primer Caronte de la historia de la literatura accede a su petición, Gilgamesh podrá seguir adelante, pero si se niega, tendrá que regresar.
Por fortuna, el barquero acepta y, tras un viaje que duró un mes y dieciocho días, llegaron a la isla donde vive Ut-Napishtim.
Este hombre y su mujer sobrevivieron al diluvio y los dioses les concedieron la inmortalidad.
Gilgamesh les cuenta sus aventuras y reconoce ante ellos no haber encontrado nada que sea feliz en la tierra. Por último expone su deseo.
Ut-Napishtim se escandaliza de esa pretensión y le pregunta cómo ha tenido la osadía de plantear esa cuestión en la asamblea de los dioses.

Experto batelero
debo cruzar
estas aguas profundas

El batelero ríe
y lo invita a subir
en la barcaza

El batelero ríe
mostrando
su boca desdentada

Poema 6
Tablilla XI

La pintura que Gilgamesh hace de los dioses, es deplorable. La ordinariez de sus modales es penosa, más propia de humanos groseros que de seres divinos. Su comportamiento respecto al héroe varía de la indiferencia a la cólera. Les desagrada que les vengan con gaitas. Ellos van a lo suyo que es banquetear sin descanso.

Los dioses
se enfurecieron
me contemplaron
apenas un momento
comían y bebían
los más benévolos
forzando una sonrisa
mascullaron inanes
palabras

 

 

 
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Poema 3
Tablilla X

A pesar de las dificultades, Gilgamesh llega al final de su viaje, a un lugar paradójicamente espléndido, en el que los frutos de los árboles son de rubíes y las hojas son de lapislázuli.
En su camino, el héroe encuentra al dios Shamash, que trata de convencerlo de que su propósito es una insensatez. Pero Gilgamesh ha afrontado muchas adversidades para retroceder ahora.
Años le han parecido sus días de marcha. Su deseo es que la luz del sol bañe no sólo a él sino también a los muertos.

El ventarrón del norte
sobre mi cara
sopló feroz

Por abruptos senderos
y por cornisas
avancé vacilante
perdido anduve
sin estrellas, sin agua

Hasta que al fin
enloquecido
me detuve y grité
quiero sentir
la luz del sol

Poema 4
Tablilla X

Siduri, la tabernera, es otro de los personajes que jalonan su itinerario. Al igual que el dios Shamash, intenta persuadirlo de que su objetivo es inalcanzable. La inmortalidad está reservada a los dioses.
Ella sabe lo que deben hacer los hombres. Deben dedicarse a disfrutar día y noche. Comer, beber y entregarse a los placeres es su propuesta que cae en saco roto. Lo que Gilgamesh quiere saber es cómo se llega a la isla de Ut-Napishtim, donde espera que le revelen el ansiado secreto.

Exhausto, demacrado
el viajero camina

En sus oídos
el ventarrón del norte
sigue ululando

Sólo queda el placer
dice la tabernera

 

 

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