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Posts Tagged ‘vecinas’

II
En la acera, sentados sobre el duro cemento,
jugábamos, reíamos.

Por un fugaz momento no existían los padres
que volvían borrachos, y luego se enfadaban
sin que nadie supiera el porqué de su enojo.

No existía la escuela con sus maestros crueles.
No existían las madres con su poder inmenso.

Ni siquiera existían las vecinas chillonas
que nos amenazaban
con fríos cubos de agua, porque nuestro bullicio
las sacaba de quicio.

Sus delicados nervios soportar no podían
a unos pocos chiquillos sentados en la acera,
olvidados de todos, especialmente de ellas.

Mas la realidad era que a todos molestábamos.
¿Acaso no veíamos que estábamos en medio?
Entonces nos mandaban a jugar a otro sitio,
más allá, más abajo.

Nosotros en enjambre salíamos zumbando,
posándonos de nuevo cerca de una ventana.
Y una voz destemplada se escuchaba al momento
mandándonos más lejos.

Entre risas, protestas, otro sitio buscábamos,
un lugar imposible donde no molestásemos.

Al final acabábamos
al abrigo de tapias, sentados sobre piedras,
en el campo, extramuros.

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                             XXIV
Permanecía allí en medio, como obnubilado, no pareciendo que viese ni escuchase nada.
Pero veía a los hombres que seguían su camino, y a las mujeres que se sentaban de nuevo en sus hamacas, en sus sillas, en sus umbrales, veía, junto a otros mozos, al bravucón acariciándose el tobillo, con el brazo echado por encima de los hombros del niño de cara de caballo, al que de vez en cuando pellizcaba la oreja cariñosamente, enfilándolo con sus ojos acuosos y hostiles donde se reflejaba el desprecio que le merecía el zangolotino, y oía los insultos que provocaban la risa del otro niño, el cual lo miraba de reojo animándose, al amparo del brazo protector, a motejarlo de esto o de lo otro, oyó a uno de los hombres preguntarle a otro mientras se alejaban si él no era el hijo de fulano, añadiendo, tras la respuesta afirmativa, que no lo podía creer, pues el padre era serio y formal, qué pensaría de ese zagalón que en vez de buscar novia pasaba el tiempo jugando con niños, y oyó a una vecina que opinaba que lo ocurrido era cosa de chiquillos, a lo que otra replicó: “¿un chiquillo el hijo de fulano?” “para mí que no es completo” dijo una tercera, “no puede serlo, desde luego”…

 

 

 

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