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2.-Sobriedad y embriaguez, disciplina y desenfreno. El eterno problema de los contrarios y de cómo lograr su reconciliación. Si se admite que ésta es imposible, entonces hay que inclinarse por una de las dos opciones o fluctuar fatigosamente entre ambas. Apolo o Baco. La solución radica en operar una síntesis y trascender esa dicotomía. Pero si ese expediente no está a nuestro alcance, la contención parece preferible a la disipación.

 

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La Burocracia
Benjamín Medina confiaba en los demás. Creía que todos los seres humanos estaban hechos de la misma sustancia, que las diferencias existentes entre unos y otros eran adjetivas.
Contra todo lo que implicase una humillación se rebelaba nuestro personaje, para quien no había distintas clases de hombres, aun aceptando que las situaciones personales varían dependiendo de la profesión de cada uno.
No tiene la misma responsabilidad un ordenanza que un director, se decía, pero como ambos, desde sus puestos de trabajo, tienen que servir a la comunidad, uno y otro realizan una labor meritoria y necesaria.
El respeto y la conciencia de servicio, planeando por encima del ministro y del ujier como águilas majestuosas, debían bastar para que la maquinaria social no chirriase demasiado ni sufriese graves averías.
Con semejantes convicciones, Benjamín estaba condenado a chocar con la Burocracia.

-o-

Sus desventuras empezaron el día en que tuvo que resolver un asunto legal. Se entraba en el palacio remozado por una enorme puerta tachonada de clavos. En el vestíbulo, del que partían dos escalinatas de mármol, vio ciudadanos solitarios con papeles en la mano.
Se dirigió al mostrador de información y, tras aguardar el tiempo correspondiente, le indicaron que debía subir a la segunda planta.
Allí se encontró con otra cola de contribuyentes y un cartelito con el horario de atención al público: de diez a una.
Preguntó Benjamín si cerraban a la hora en punto o si seguían atendiendo mientras hubiese alguien a la espera de realizar sus gestiones. Recibió por respuesta una sonrisita burlona.
“¿Y si se trata de algo urgente?” insistió. “Es su primera vez, ¿verdad?” dijo una señora rubia.
Tras consultar el reloj, mirar la fila y calcular su avance, Benjamín suspiró y se fue con la intención de regresar al día siguiente más temprano.

-o-

El contacto con un medio tan hostil como el burocrático lo irá endureciendo. Durante el largo viacrucis que lo llevará de un despacho a otro, de una antesala a otra, de un mostrador a otro, tendrá ocasión de conocer a la fauna de displicentes chupatintas que apenas se dignan mirarte mientras te desvives por explicarles tu problema.
De un vistazo aprenderá a distinguir al capitoste del simple empleado por detalles nimios que pasarían desapercibidos a un observador no avezado, tales como la manera de escuchar con la boca entreabierta lo que le comunica un subordinado, o con la cabeza ligeramente echada hacia atrás y los labios apretados como si fuera a embestir en el caso de que abusen de su paciencia.
Acechará al personajillo que, si quisiera, agilizaría los trámites. Se esconderá en los lavabos para asaltarlo y recordarle que hace ya tres meses que habló con él y todavía no ha recibido ninguna contestación.
Correteará como un perrillo faldero detrás de un señor pertrechado con una carpeta de documentos, de una seriedad descorazonadora, que sale de un negociado y se mete en otro con aires de marajá.
Sufrirá, en definitiva, tras esta drástica experiencia, un cambio que se traducirá no sólo en la apostasía de sus creencias y en la renuncia a sus ideales, sino en el fervoroso deseo de convertirse en un rutilante burócrata.

 

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20 de octubre de 2012 03920 de octubre de 2012 047

 

 

 

Soñando más y más
Acogiendo, entregándose
Soñando más y más
El alma va agrandándose

 

 

 

 

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Querida Michèle,

Me estaba acordando de la simpática cabra de monsieur Seguin. He llegado a la conclusión de que me ocurre como a ella y a todos los herbívoros de su especie. Lo que como necesito regurgitarlo y masticarlo con detenimiento antes de tragarlo definitivamente.

Quiero decir lo que hablo. Tal vez se trata de un fallo de mi sistema mental por culpa del cual me veo abocado a rumiar los pensamientos. Sea lo que sea, la cabra es mi animal totémico.

Este introito viene a cuento de nuestra última conversación, en la que abordamos el tema de la verdad, siempre una y la misma, ya la diga Agamenón o su porquero. Recibe ese nombre justamente por no ser múltiple ni variable, por no admitir versiones, por ser escueta y austera.

Hay un concepto jurídico conocido como “legítima defensa”, de la cual la mentira puede ser un instrumento como lo son también una pistola o un cuchillo.

En nombre de la propia integridad física y de los legítimos intereses de un persona (familia, bienes, dignidad…) se puede recurrir a la mentira para neutralizar una agresión, para defendernos.

Si puedes engañar a alguien que te está coaccionando para hacerse con el código secreto de tu cuenta bancaria, le darás uno falso, pues se trata de tu dinero ganado honradamente. Si está en tu mano impedirlo, no dejarás que un delincuente te desplume.

Es lícito recurrir a la mentira en esa u otra coyuntura similar.

Pero en circunstancias normales la función de la mentira es deleznable. La mentira es una traición a la verdad. Tanto la vida personal como la colectiva deben cimentarse en la segunda.

La mentira es una manipulación malintencionada cuyo resultado es el enrarecimiento de la atmósfera, el envenenamiento de la convivencia, aunque se practique por juego, a pequeña escala, a niveles supuestamente irrisorios.

Si te pido que salgas conmigo, y tú no quieres, puedes decirme la verdad. Si piensas que esa respuesta es demasiado brutal, puedes alegar que te duele la cabeza o que tienes mucho trabajo acumulado, o sea, una excusa.

Abomino del relativismo, pero reconozco que hay que ser flexible y no tomarse las cosas demasiado a pecho. Y lo que es más importante: hay que tener sentido del humor para encajar los golpes y, en general, para afrontar la vida.

Excusas tan trilladas como la de la jaqueca pueden ser calificadas de mentirijillas y no vamos a montar un cirio por eso, ni tampoco por las llamadas mentiras piadosas.

Una vez hechas estas precisiones, sólo queda añadir que las mentiras, tanto las grandes como las pequeñas, contribuyen grandemente a convertir la tierra en un lodazal por donde cada vez es más difícil caminar. Una cloaca en la que vamos hundiéndonos hasta ser engullidos por completo. Con todo mi afecto.

 

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5
El junco se endereza,
recupera su ser
tras el viento, la lluvia.
Las hierbas aromáticas
que bordean el río,
exhalan su fragancia.
El aire está más limpio.
Los álamos susurran.
El agua transparente
deja ver en el fondo
un lecho de guijarros
blancos, grises, redondos.

 
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4
La de cosas que puede
hacer el ser humano
antes que doblegarse
con la gracia de un junco,
y aceptar, admitir
que no nos debe nada,
que no tiene sabor
o que los tiene todos,
que nos da lo que quiere,
que nos trata a su antojo,
que la vida es un don.

 

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