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Posts Tagged ‘haikus’

Este libro es un trabajo de depuración y sublimación que se traduce en ochenta y un poemas de palabras precisas donde confluyen la profundidad y la belleza. Sin duda, estamos aludiendo a la esencia misma de la poesía, que no es otra cosa que la aprehensión de la belleza en las múltiples manifestaciones de lo efímero, el desvelamiento de la profundidad en la incesante sucesión de momentos fugitivos, aparentemente tan similares unos a otros, intercambiables, incluso los que han sido marcados por la tinta de un nefasto acontecimiento, pero cuya intensidad empieza a difuminarse, a adquirir ese tono desvaído, ese color sepia con que el tiempo los uniforma. Para contrarrestar ese efecto erosivo, ese trabajo de zapa, esa acción propia de las voraces termitas que amenazan con abatir el edificio de cimientos más firmes nació la literatura, cuya condensación máxima es la poesía.

Ernesto Cisneros Rivera presenta en su poemario un amplio repertorio –en una forma tan rigurosa como el haikú, que es una composición que no admite concesiones ni desfallecimientos– de esas capturas poéticas que fijan y descubren la realidad al mismo tiempo. Lo cual equivale a decir que proporcionan al lector tanto un placer estético como un aporte intelectual que amplía su visión del mundo.

Utilizando el árbol como una metáfora del ser humano, de eso se trata: de hundir las raíces en la tierra nutricia y de desplegar las ramas bajo la inmensidad del cielo.

Es arduo elegir entre los veintisiete cantos, las veintisiete marinas y los restantes veintisiete haikús, que suman en total ochenta y un poemas. Supongo que no es una casualidad que, desde el punto de vista numérico, este libro esté presidido por el nueve.

Ésta es mi personal y arriesgada selección que, en definitiva, sólo es una invitación, palabra cara al autor, a sumergirse en la lectura de “Cantos, marinas y otros haikús”.

 

CANTO XVI

Lo necesario,
lo único, en verdad,
es el silencio.

MARINA IV

Crestas de espuma.
Ondulaciones verdes.
Fluir eterno.

COLIBRÍ

Iridiscencias.
Frenético aleteo.
Sólo un suspiro.

 

 

 

 

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Si miramos en dirección a Oriente y hacemos un pequeño cotejo, las diferencias existenciales y literarias saltan a la vista. La actitud del poeta oriental y la del occidental frente a la vida se podrían resumir diciendo que la del primero es de abandono y la del segundo de desconfianza. De la primera brota una genuina alegría de vivir. De la segunda la tentación de trampear y burlarse de las normas establecidas. En la primera está presente el sentido del humor, que supone una aceptación de la realidad tal cual es. En la segunda asoma la ironía, que es distanciamiento de lo real, cuando no abierto rechazo.
El poeta oriental no tiene que huir al campo porque vive allí. Ése es su hábitat natural y el vagabundeo es su estilo de vida.
El que más y el que menos tiene su vena de lunático o de borrachín, que le hace contemplar las cosas con benevolencia y un cierto fatalismo, pero la rebelión y la crítica están ausentes. A menudo experimenta un alborozo que se manifiesta en un asombro impensable en un poeta occidental del tipo de Pessoa o Baudelaire.
El poeta oriental no realiza deprimentes tareas burocráticas o académicas que ahogan su espontaneidad, sino que es un mendigo o un pescador. Un caminante que, con su hatillo al hombro, va de un lado a otro. Un gozador del paso de las estaciones. Un gourmet de paisajes.
El ansia de libertad alienta tanto en la poesía oriental como occidental, pero en ésta, concretamente en el poema de Pessoa, acaba en un gesto inconcluso, en un deseo truncado, en una felicidad incompleta, en un acto que revela cierto nerviosismo.
En aquella, sobre un fondo de montañas verdes y nubes blancas, se ve avanzar al poeta andariego viviendo esa libertad que se traduce en sencillas y exultantes constataciones poéticas:

Invierno

Ni una gota de rocío
cae
del crisantemo helado

Otoño

Día de apacible felicidad
el monte Fuji velado
por la lluvia brumosa

Verano

La libélula
intenta posarse en vano
sobre una brizna de hierba

Primavera

Desde el fondo
de la peonía
de mala gana sale la abeja

Matsuo Basho, Haiku de las Cuatro Estaciones

 

 

 

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El bosque silencioso

Pequeños poemas

 

Antonio Pavón Leal

Noviembre 2013

 

 

Recopilación de veinticinco poemas de tres o cuatro versos heptasílabos en su mayoría, aparecidos en este blog entre diciembre de 2010 y mayo de 2013.
Ni su estructura métrica ni su espíritu responden a los de un haiku, con el que comparte su amor y respeto a la naturaleza, la cual se erige en fuente de inspiración y referente existencial.
Estos pequeños poemas no pretenden ser esa fulguración o relámpago estético que ilumina la mente y propicia la aprehensión de la realidad en estado puro.
Estos pequeños poemas no son más que reflexiones o apuntes sobre el devenir humano al hilo de los días.

 

 

Libro en formato PDF: El bosque silencioso – Pequeños poemas

Correo de contacto: pavonleal@hotmail.com

 

 

 

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