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Posts Tagged ‘querencia’

42.- Los poemas y los relatos son como los chistes. La chispa salta o no salta. Eso es todo. Las explicaciones los matan.

43.- ¿Cuál es la palabra clave para nombrar ese sentimiento que socava el pecho al comprobar el paso del tiempo, al contemplar un paisaje, al andar por un camino y percatarse de que esa experiencia anodina tiene una correspondencia interior?
Esa resonancia, esa vibración que se producen en determinados momentos de paz, a la clara luz de la mañana, al matizado resplandor de la tarde, en el silencio de la noche, se pueden definir como nostalgia.
Esa querencia que se hace sentir tan sutil como inapelablemente, que se puede ignorar pero no negar, es la piedra angular sobre la que se eleva el edificio de la existencia. Todos los grandes artistas la han experimentado y han dejado constancia de sus efectos. Ese soterrado deseo que habita en el alma es lo más genuinamente humano. Incluso puede que sea todavía más: el fundamento compartido por todas las criaturas.
Nostalgia de absoluto, nostalgia de infinito, nostalgia de plenitud, pálpito inefable, puerta abierta a horizontes inconmensurables, exigencia de realización total, vacío cálido y acogedor, norte, raíz, abandono, aceptación.

44.-Nuestras contradicciones e incoherencias constituyen siempre un espectáculo penoso. Cuando entre nuestras acciones y nuestro discurso el hiato se agranda demasiado, su contemplación deja de ser penosa para convertirse en deplorable. Porque deplorable es ver atrapado a alguien en la trampa que él mismo ha montado, y en la que se debate no con el objeto de escapar sino de quedar más pillado. La soberbia juega un papel importante en este juego bufo. Es la que nos impide dar marcha atrás, reconocer nuestros errores, tener en consideración otro punto de vista. La que nos hace pensar que tenemos poderes extraordinarios ante los que los otros se doblegarán o retrocederán.

 

 

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En Las Hilandarias, un pueblo ficticio de Andalucía Occidental, Lucrecia y la Rata Gris miden sus fuerzas en un combate singular. Otros personajes (Tomasa, Jardincito, el Muecas, Isco y la Filósofa, entre otros), que toman partido por una de las dos contendientes, participan en el desarrollo de esta historia cuyo desenlace trágico está cantado.
“Lucrecia y la rata” es una reflexión bienhumorada sobre el ser humano, contada en clave de fábula.

La obra empieza así:

Anochecía. La rata asomó el hocico por entre las dos macetas agrietadas tras las que se camuflaba el agujero por donde había salido. Era una temeridad. Ni siquiera ella misma sabía por qué se arriesgaba tan tontamente. Los recientes acontecimientos deberían haberla persuadido de una vez por todas de que no valía la pena volver a ese lugar. En ese sentido, más que rata era burra. Ella no tenía hogar; a lo mejor alguna vez lo había tenido o creído tener, pero estaba fuera de duda que aquel corral no lo era.
¿Se trataba entonces de una mera costumbre que se resistía a abandonar? Estaba vieja y con los años aumentaba el apego a la rutina. Arrugó el morro y pensó que esa era una buena explicación para un humano. O, como mucho, para los conejos. E igual que a estos le iba a pasar a ella si seguía persistiendo. Le habían contado (ella no había puesto nunca los pies en el campo propiamente dicho) que estos animales iban a excretar siempre al mismo sitio. Algo que de puro estúpido resultaba increíble. Esta fijación los convertía en presa fácil. El cazador los esperaba agazapado y, a la hora en que iban a hacer sus necesidades, una perdigonada los tumbaba en mitad de sus cagarrutas. La verdad es que no podía concebirse una muerte menos gloriosa.
Así podía acabar ella (a excepción del detalle de los excrementos), si se empecinaba en volver a ese corral. Ella estaba convencida de que, en cuanto se lo propusiera, dejaría de venir y asunto zanjado. Ahora bien, mientras se decidía, corría el albur de que acabasen con ella. De hecho, ya lo habían intentado. ¿Qué ganaba con exponerse de esa forma insensata? Desde luego, no tenía derecho a burlarse de los conejos
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Esta novela se publicó en Libros En Red, en 2006.
http://www.librosenred.com/libros/lucreciaylarata.html

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