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Archive for the ‘Poemas’ Category

El sabor de la eternidadEl sabor de la eternidad

 

 

 

2
Sentado en la terraza de aquel bar de Algeciras,
al borde del estrecho, más cansado que hambriento,
pediste de comer y mientras esperabas,
descubriste allí cerca una mirada limpia.
Rebulliste en la silla como si un calambrazo
te hubiese sacudido.

Había mucha gente. Se escuchó la sirena
de un barco que partía. Luego se hizo un silencio
sin resquicios, perfecto. Una luz diamantina
brotó de alguna parte inundándolo todo.
El tiempo se detuvo.

Entonces era joven, o sea impresionable.
Esas cosas ocurren por obra del azar,
me dices entre dientes.

El sabor de la eternidadEl sabor de la eternidad

 

 

 

 
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El sabor de la eternidad

El sabor de la eternidadEl sabor de la eternidad

 

 

 

 

1
Sobre tu inquieto espíritu planea la pregunta
como un ave rapaz en busca de su presa,
la pregunta que nunca harías en voz alta.

2
Sentado en la terraza de aquel bar de Algeciras,
al borde del estrecho, más cansado que hambriento,
pediste de comer y mientras esperabas,
descubriste allí cerca una mirada limpia.
Rebulliste en la silla como si un calambrazo
te hubiese sacudido.

Había mucha gente. Se escuchó la sirena
de un barco que partía. Luego se hizo un silencio
sin resquicios, perfecto. Una luz diamantina
brotó de alguna parte inundándolo todo.
El tiempo se detuvo.

Entonces era joven, o sea impresionable.
Esas cosas ocurren por obra del azar,
me dices entre dientes.

3
Otra vez, en la sierra, emprendiste el ascenso
de uno de aquellos montes. Aunque no estabas solo,
te sentías así. Era una soledad
interna, inexplicable.

La subida era dura pues no había senderos.
Hubo que abrirse paso por entre los jarales,
por entre las aulagas, hasta alcanzar la cumbre.
¿Para qué ese trabajo?

Y como por encanto surgió dentro de ti
una angustia mortal. Sentiste que la muerte
alargaba su mano en busca de la tuya.
Los pájaros y el viento dejaron de agitarse.
El río en el barranco era una cinta inmóvil.
El tiempo se detuvo.

Entonces era joven. Eso que me has contado
no es nada, son recuerdos.

El sabor de la eternidadEl sabor de la eternidad

 

 

 

 

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[Cual nubes apretadas]

 

 

 

Cual nubes apretadas, bajas, amenazantes,
que acongojan el ánimo, que turban con su torva
intención de inundarnos, cargadas de aguaceros
capaces de horadar tejados y paredes
con su furia satánica, preñadas de relámpagos
que vuelven más profunda la lobreguez del día…
Mas he aquí que se alejan.
El viento las ahuyenta, el viento las dispersa.
Un pedazo de cielo aparece de pronto
azul, hermoso, límpido.

 

 

 

 

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Al lado de la fuente

Allá, en la serranía, en agreste paraje,
tiene su nacimiento una discreta fuente
que en el fondo arenoso borbotea sin ruido,
que brota de la tierra con gentil donosura,
deleite de este edén de encinas centenarias,
de zarzales, de hiedras, de algarrobos, quejigos,
de vides cimarronas, de recios cabrahígos.

Allá, en lo más boscoso, aflora el manantial.
En su lecho de arena las cristalinas aguas,
sombreadas de árboles ─un milagro, un diamante
engastado en la sierra─, refrescan a las aves,
que en pago las arrullan con su alegre gorjeo,
una vez apagado de beber su deseo.

Allá podría yo retirarme, vivir
al lado de la fuente, ver cómo fluye el agua
de sin igual pureza, ver cómo se despeña,
al poco de nacer, desde empinados riscos
de líquenes cubiertos, glaucos, amarillentos,
y luego se apacigua y en cantarín arroyo
corretea feliz, dejándose atrapar
en profundas albercas, dejándose beber,
siguiendo su camino, murmurante, callada,
airosa mensajera de una nueva alborada.

Audición del poema: http://gerenadiario.blogspot.com.es/2009/05/dime-un-poema-al-lado-de-la-fuente.html

 

 

 

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[Me tiene en vilo]

Me tiene en vilo
ese incesante
juego de luces
en el follaje

Lo luminoso
cambia a sombrío
y lo sombrío
a luminoso

Por obra y gracia
del balanceo
del parpadeo
de las mudanzas
y contradanzas
tan exquisitas
de las hojitas

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[Es hermoso ser árbol]

Es hermoso ser árbol, es hermoso ser piedra,
ser pájaro, ser nube, y prestar los servicios
que a cada cual son propios.
Pero nosotros somos, ¡oh necio desatino!,
la conciencia del cosmos y tenemos por tanto
el nefasto poder de pervertirlo todo,
el privilegio infame de romper la armonía.

-o-

Il est beau d’être un arbre, il est beau d’être une pierre,
un oiseau, un nuage, et rendre les services
qui sont propres à chacun.
Mais nous sommes, oh fatale déraison!
la conscience du cosmos. Ainsi, nous avons
le pouvoir néfaste de tout pervertir,
le privilège infâme de briser l’harmonie.

-o-

It is beautiful to be a tree, it is beautiful to be a stone,
to be a bird, to be a cloud, and to render the services
each one owns.
But we are, oh foolish mistake!
the consciousness of cosmos. Thus we have
the nefarious power to pervert everything,
the infamous privilege to break the harmony.

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Rapsodia para la cabra

“¿No siente, no ama ni pregunta?”
Lezama Lima

No sabe de delfines ni de azules madréporas,
ni sabe de cangrejos reculando en la arena,
ni el murmullo escuchó del mar en los rompientes.
Nunca hundió sus pezuñas en las saladas aguas.

Y ella sube que sube.

Lo suyo son las breñas de encrespada maleza,
los montones de rocas en precario equilibrio,
las cuestas empinadas, las trochas, los barrancos.
Ella entiende de montes, de ninguna otra cosa.

Y ella sube que sube.

Es ignorante, zafia y, sobre todo, loca.
No es estéril, da leche, no camina, da saltos.
Su pelambrera es recia, aviesa su mirada.
Sus afilados cuernos le sirven de defensa.

Y ella sube que sube.

Que no le hablen de almejas, de signos, de sandeces.
Conoce su destino de cabra a la deriva
sin consultar las cartas ni tampoco los astros.
Su locura es un tren lanzado a toda marcha.

Y ella sube que sube.

Que no le venga nadie con historias de anémonas
ni de estrellas marinas. Que no le venga nadie
con que ha visto una araña haciendo encaje inglés,
ni mienten a su madre, muerta de una caída.

Y ella sube que sube.

Cuando llegue a la cumbre, concentrará sus patas,
sus cuatro pezuñitas, en el punto más alto
(hará lo que en el circo hacen tantas congéneres)
y allí se quedará como una papanatas.

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Ya veo tu figura a través de las hojas
del bosque innumerable, tu larga barba blanca
perfumada de brezo, de plantas aromáticas,
tu larga barba blanca con la que el viento juega.

Ya noto tu presencia, tal un ángel guardián.
Te advierto en la impalpable textura de mis sueños,
en la humedad del aire que sube del arroyo
al filo del ocaso.

Al final de ese túnel que al morir recorremos,
quiero ver tu sonrisa y sentir tu mirada
tal como las vislumbro
en este ahora incierto del cansancio infinito.

Generoso patriarca, amigo, compañero
acuérdate de mí en el día postrero.

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[Aunque sientes el pálpito]


Aunque sientes el pálpito en el fondo de ti
no logras apresar esa imagen feliz,
justa contrapartida del antiguo esplendor
que un día conociste. Y ahora miras de lejos
la iglesia, el campanario, las calles aledañas,
intentando atrapar su magia, su misterio.
Y miras el paisaje de casas encaladas,
de nidos de cigüeñas, de enmohecidas veletas
que de girar dejaron hace ya tantos años.

Y es verdad que ese pálpito te obliga a detenerte.
¿Qué es eso que musitas, que te dices dolido?
Me digo que no supe darle forma al olvido.

.

.

.

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Díptico (II)

Es mucho peso
me digo
es mucho peso para mí
estar aquí y ahora
con el mundo
sobre mis hombros
como un Atlas
sin serlo ni querer serlo
quiero escapar
de eso peso que me aplasta
de eso peso
que cuando no lo tenga
tal vez no pueda
vivir sin él
tal vez no pueda
tenerme en pie

 

 

 

 

 

 

 

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