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Posts Tagged ‘ecuanimidad’

II

“Y aquí entramos en la segunda parte de este tema. Querer que la sociedad se transforme no es un delito. Los ajustes son necesarios y las actualizaciones se imponen.

“Estos términos discretos poco tienen que ver con los maximalismos de un revolucionario, que es alguien dotado de un ego monstruoso con delirios en consonancia, e incapaz de mejorar personalmente, ya sea porque ese asunto se la refanfinfla, ya sea porque ese cambio supera sus fuerzas. Y como ese revolucionario está provisto también de una desmesurada energía que le es necesario quemar, las consecuencias incendiarias las pagamos todos. Que arda Troya, pues sólo sobre sus cenizas se puede elevar la nueva ciudad.

“Para mudar individual o socialmente hace falta un sueño. El revolucionario tiene el suyo, tú el tuyo y yo el mío. Incluso más de uno. Todos soñamos, todos tenemos una idea de cómo deberían ser las cosas, de en qué consiste la felicidad o el bienestar, o de cuál es la mejor manera de divertirse.

“No es preciso señalar que esta es una cuestión personal con la que no deberíamos chinchar a los demás, a los que, llegado el caso, acabaremos obligando a vestirse, comer y comportarse de acuerdo con mis normas. Y si no les gustan, tanto peor para ellos, pues mi sueño es superior.

“No vayas a pensar que hablo solamente desde un punto de vista social. Lo que digo es aplicable perfectamente a nivel casero. Antes hablaba de choque de intereses. También hay choques de sueños que son igual de frecuentes y desastrosos.

“La psique humana genera sueños. La sangre corre por las venas. En el estómago se procesan los alimentos. Los huesos sostienen el cuerpo y los músculos posibilitan el movimiento. Esa es nuestra naturaleza.

“Así que lo malo no es tener sueños sino querer imponérselos a los demás. O sea, querer acicalarlos a tu manera para que luzcan bonitos según tu propio concepto de la elegancia.

“Los sueños ajenos no se acatan ni se desarrollan a no ser que coincidan con los nuestros, lo cual, por supuesto, ocurre. A nivel comunitario esa convergencia constituye una gran fuerza. A nivel doméstico facilita la convivencia.

“Es una gran desgracia que a uno le adjudiquen un puesto en el sueño de otro, donde siempre será un vasallo al servicio de un señor feudal. Donde sufrirá la humillación de ver excluido el suyo en la medida en que no se ajusta al impuesto.

“Reducido al papel de peón, jugará una partida de ajedrez alienante, realizará acciones decididas por otro, dejará de ser una persona, se cosificará.

“Esta es una de las causas, tal vez la principal, de las rebeliones. Si tu sueño y el mío son similares, miel sobre hojuelas. Si difieren, respetémonos. Siempre habrá espacios comunes donde podamos encontrarnos.

“Y así enlazamos con el principio de este diálogo, que no anacoluto, en el que se proponía la ecuanimidad como modo de vida”.

“Sospecho” concluye Emma “que en esos choques de sueños de los que has hablado, al igual que en los de intereses, la cuestión que subyace es la del poder” “Eso pienso yo también. Esa bestia negra no duerme y sus adoradores están siempre dispuestos a rendirle honores”.

 

 

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I

133.-Me pregunta Emma: “¿Qué es lo más difícil de conseguir para un ser humano?” “La ecuanimidad. No dejarse arrastrar por sus demonios que siempre están al acecho, a la espera de que se abra la menor rendija para colarse por ella y hacer de las suyas. Atenerse a la verdad aunque esta no favorezca e incluso cree problemas personales, de los que todos rehuimos. No enzarzarse (verbo sumamente expresivo que me encanta) en discusiones inútiles que sólo generan malestar. No mantener actitudes despectivas o de superioridad respecto a los demás, no pensar que se está por encima de nadie, ser respetuoso. Encarnar el ideal expuesto es la meta más difícil de conseguir”.

Y añado: “Soy consciente de que esa conversión es una tarea que nos desborda. Los logros son parciales y siempre sujetos a retrocesos. El fracaso de ese cambio lo constatamos a diario en nuestras relaciones con el prójimo. Una y otra vez caemos en nuestras trampas, somos presa de la impaciencia o de la cólera, pisoteamos nuestros sanos propósitos por bagatelas que no resisten un somero análisis.

“Esta lucha individual es la más importante de cuantas podemos emprender. Probablemente también la más menospreciada, la que pocas personas se plantean por considerar que la solución está fuera de ellas mismas.

“Por un motivo u otro, casi todos desistimos e, invocando a Rita la Cantaora, el Tato o Sananes el de las tortas, seguimos haciendo nuestra vida de siempre que representa lo malo conocido. De lo bueno por conocer quedan encargados los antedichos.

“Preferimos vivir a salto de mata, procurando tal vez mantener la compostura, conscientes de que la muerte nos sorprenderá tan modorros como vinimos al mundo. De que ningún cambio profundo se va a producir en nosotros. De que esa otra persona auténtica y transparente con la que hemos soñado no es más que una entelequia”.

“Sí” coincide Emma, “nuestros demonios son eficaces. El peor de todos, a mi juicio, el más artero, es el amor propio que deriva fácilmente en soberbia. La honrilla tiene una larga tradición en la literatura española. Es uno de los temas principales en el Siglo de Oro y, con otros disfraces, no deja de aparecer por todos lados.

“Si a ese puntillo que nos pierde sumamos las situaciones de desgaste, el cansancio cotidiano, el choque de intereses, las presiones, hay que reconocer que los demonios lo tienen a huevo. Sería necesario tener nervios de acero para salir victorioso de sus acometidas”.

“Y que conste” puntualizo “que no estamos hablando de santidad sino de ecuanimidad, de una altura de miras que nos permita andar sin estar tropezando continuamente. Pero esto es tan arduo que son numerosos los que optan por intentar reformar la sociedad antes que intentar reformarse ellos mismos.

“Piensan que el mal está fuera donde, por cierto, también está, e incapaces de vencerlo en su interior o totalmente en sus manos, se aplican a meter en vereda a sus semejantes. El razonamiento puede ser más o menos este: Puesto que yo ni puedo ni quiero cambiar, haré lo posible para que los demás se acomoden a mis expectativas.

 

 

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