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Posts Tagged ‘la libertad’

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Krazer, el Maestro Deshollinador, los llevó a la gran chimenea. Uno tras otro debían colocarse debajo de la campana y mirar hacia arriba.

El ancho tiro, en el que resonaba la más leve ráfaga de aire, era semejante a un eje que conectaba el cielo y la tierra.

Si se concentraban lo suficiente, les explicó el Maestro, se operaría un prodigio. Era importante que controlasen la respiración.

En la antigua cocina del castillo hacía frío. Era un día desapacible.

Durante unos minutos los muchachos permanecieron callados y atentos, observando las gotas de lluvia que se colaban por la boca de la chimenea, sin sombrerete, y se estrellaban contra las losas del hogar.

A una indicación del Maestro, el primer aprendiz se situó en el centro de la inmensa campana, que podía cobijar a un buen número de personas.

El ulular del viento se intensificó. Su larga mano invisible se dejaba sentir en la desangelada cocina, carente de mobiliario y adornos.

Sólo en la repisa de la chimenea, formada por una viga de roble, había tres candelabros de hierro.

Cuando le tocó a Edu, alzó la vista y descubrió, a través de ese gigantesco catalejo invertido, una torre solitaria con escasas ventanas a gran altura.

Se preguntó quién podía vivir en ese lugar. Ese baluarte le produjo desconsuelo. Por nada del mundo se convertiría en el habitante de esa arrogante construcción.

Una vez realizada la prueba, los muchachos fueron por leña y la amontonaron en el hogar. El Maestro Deshollinador encendió un fuego.

El calor entonó los cuerpos y el resplandor de las llamas iluminó los rostros.

Algunos, como Edu, habían vislumbrado la funesta torre. Otros, como Hemón, constelaciones cuyas estrellas dibujaban pavos reales, caballos alados y monstruos marinos.

Krazer tomó finalmente la palabra. Habló de los orígenes de Haitink y de los Primeros Tiempos.

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Las aspiraciones de la gente de su tiempo y de su país, que Pla reseña en la entrada del 6 de diciembre, siguen siendo las mismas de la gente de ahora y de cualquier lugar. El escritor catalán, a pesar de sus desventajas, acepta el individualismo subyacente a esa manera de entender la vida.
Ese individualismo es la salvaguarda, la garantía, la materialización de la libertad. Y la libertad, en primer y último término, es preferible a las componendas de las relaciones sociales.

“La gente de aquí quiere: a) vivir bien; b) vivir bien en su casa o haciendo una vida absolutamente privada; c) interpretar las cosas con el pie forzado de los intereses personales exclusivos; d) no ser importunada por cosas ajenas a la propia voluntad. Este fondo de individualismo me gusta. Tiene un gran defecto, claro: la imposibilidad que la gente tiene de relacionarse hace que, prácticamente, sea imposible la vida social. Lo que se encuentra más a faltar, en el país, es la conversación, la higiénica volubilidad de la relación social. Puesto a elegir, sin embargo, entre la conversación y la libertad –la libertad solitaria- me quedo, siempre, con la libertad”.

 

 

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