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Posts Tagged ‘luna’

Soneto XXIII

Gallardetes movidos por el viento,
escolleras donde rompen las olas,
nacaradas, sonoras caracolas
salmodiando su treno largo y lento.

Y un blanquecino y corrosivo ungüento
destiñendo purpúreas amapolas.
Y el malecón donde gaviotas solas
escrutan el cielo con ojo atento.

Allá arriba Dios en azul se baña.
Aquí abajo se siente el cimbronazo
de la retama y de la enhiesta caña

apresadas en el funesto abrazo
de los médanos, que la luna estaña
con la luz de su frío fogonazo.

 

 

 

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Marina

A través de la ventana contempló la luna llena que iluminaba el campo. Estaba cansada de la conversación. Cuando los hombres, con acaloramiento, se pusieron a hablar de política, ella tuvo un acceso de tedio.
Con una sonrisa en los labios, Marina puso en la mesa la copa de licor que apenas había probado, y se levantó. Mirando de reojo el fuego de la chimenea, cruzó el salón en dirección a la cocina o al cuarto de baño.
Pero cuando llegó a la altura de la percha, cogió un pañolón y abrió la puerta. Empujando la cortina de esparto, la apartó lo justo para salir de lado.
Una vez fuera, se echó el pañuelo sobre los hombros. No obstante, tiritó al sentir el frío de la noche.
A buen paso dejó atrás el pilón y los corrales. Cogió por el camino que discurría paralelo al arroyo, a cuyas orillas crecía la verdolaga.
A la altura de un algarrobo del que pendían numerosas vainas, la mujer dejó el camino y se adentró en el monte.
Serpenteando por entre los oscuros chaparros y las punzantes aulagas, prosiguió andando. Se detuvo a observar un momento las flores del perejil lobuno, que brillaban en la claridad lunar.
Ninguna otra cosa la distrajo hasta llegar a su destino.
Como si la atrajera una música irresistible, aceleró el paso.
Casi se palpaba la humedad. El olfato de la mujer percibió el olor del mastranzo. Poco después avistó la cenefa de juncos que bordeaba la laguna.
Estuvo examinándola largo rato, hipnotizada por su resplandor unas veces níveo y otras azulado. Incluso descubrió matices violetas en aquella perla gigantesca engarzada en la superficie acuática.
Un escalofrío recorrió a Marina. Tras los matorrales cercanos, percibió la presencia de animales nocturnos al acecho.
Lentamente, volvió la mirada hacia la laguna engalanada con su broche redondo y opalescente.
En ese mundo en el que prevalecían el matiz y la levedad, en ese mundo preñado de promesas, en ese silencio y en esa soledad se elevó un acorde que resonó en el interior de la mujer.
Marina emprendió el camino de regreso con el secreto de esa cadencia correspondida.

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