Feeds:
Entradas
Comentarios

Posts Tagged ‘río’

34

La cueva estaba labrada en la falda de un monte. Una rocalla natural plagada de círculos y espirales formaba sus paredes. Del suelo brotaba un manantial encauzado por un canalillo que conducía el agua al borde de la plataforma, desde donde saltaba al vacío.

En el interior había parches de aterciopelado y mullido musgo. El culantrillo medraba en los huecos con un poco de tierra. Pero lo mejor era admirar el bosque de majestuosas encinas que se extendía ante nosotros.

El cielo estaba surcado por masas de nubes algodonosas. La sensación de sacralidad era abrumadora.

Chencho se acercó sosteniendo un cucharón de corcho. Moncho dijo: “Es agua del Alfaguara” y me levantó la cabeza para que bebiera.

El agua del manantial me llenó la boca y se desbordó por las comisuras mojándome el cuello. Era tan fina que unos pocos tragos me saciaron plenamente. Permanecí unos instantes sintiendo su frialdad en los labios.

Moncho, como si esas palabras fuesen el súmmum de la sabiduría, repitió: “Es agua del Alfaguara”.

Ellos bebieron también en respetuoso silencio, llevándose el cuenco a la boca con la mano derecha mientras con la izquierda agarraban el cinturón del que colgaba la cantimplora.

Luego, en un gesto que formaba parte del ritual, arrojaron el agua sobrante delante de ellos.

“Aquí nace el río” me explicó Moncho “que riega el valle donde se asienta nuestra aldea”. Su visible orgullo abarcaba el río, el valle, la aldea…ese mundo remoto y apacible al que me habían llevado.

Cambiando de tono añadió: “Vamos a descansar un rato”.

Después de la travesía subterránea necesitaban recuperar fuerzas, pero era evidente que estaban muy a gusto en ese lugar.

Las encinas tenían unos troncos robustos. Sus copas frondosas les daban un aire acogedor sin menoscabo de su grandiosidad. Inspiraban respeto y confianza.

Moncho dijo: “Ellas son las primeras habitantes del valle. Nosotros llegamos mucho más tarde. Esta comarca les pertenece. No debemos olvidar nuestra condición de intrusos”.

La expansión del enano me animó a compartir mis pensamientos. Tenía en la cabeza a Santiago Maluenda, un compañero de trabajo, diez años mayor que yo, soltero, que se encontraba en la India.

Había pedido la excedencia y se había ido. Era la segunda vez que lo hacía. Su primera estancia en la India duró tres meses. Ahora se rumoreaba que se quedaría más tiempo, incluso que se establecería definitivamente.

 

 

Licencia Creative Commons
Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.

Read Full Post »

Paisaje (XX)

 

 

Licencia Creative Commons
Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.

Read Full Post »

[Déjate fluir]

Déjate fluir
como un río tranquilo.
Que tu fuerza se expanda
desde el fondo de ti.

¿Acaso no hay un tiempo
para todo en la vida?
¿No te basta el afán
nuestro de cada día?

Deja ya de correr,
deja ya de agitarte,
déjate ser
sin broncas, sin sarcasmos,
sin justificaciones.

Si tienes que apostar,
apuesta sin temor
y deja que la vida
se organice a su amor.

 

 

Licencia Creative Commons
Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.

Read Full Post »

Paisaje (XVII)

 

 

 

Licencia Creative Commons
Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.

Read Full Post »

El río en enero

 

 

 

Licencia Creative Commons
Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported

Read Full Post »

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Licencia Creative CommonsEsta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported

Read Full Post »

                                         III
Laura era especial. Eso se apreciaba al primer golpe de vista. Tarea más ardua era explicar en qué consistía esa peculiaridad.
En principio no había nada en su persona ni en su comportamiento que pudiera calificarse de fuera de lo corriente. Sin embargo, la gente la calificaba de rara. Para mí, el adjetivo que le cuadraba era especial.
La encontré por primera vez en la cafetería, tomando un vaso de leche con magdalenas. Laura era alta, de tez clara y facciones aniñadas. Pero lo que llamó mi atención fue su larga y sedosa cabellera.
Al contrario de Aurelio, yo no entablo conversación fácilmente. Durante un tiempo me limité a observarla de lejos, sin cruzar una palabra con ella. Laura me reveló más tarde que se había percatado de mis miradas.
Me enteré de que estaba haciendo una sustitución. Era programadora informática.
Con frecuencia la veía sola. Al personal femenino no le caía simpática, aunque pareció congeniar con una gordita que era la secretaria del viceconsejero.
No estoy seguro de haber dado el primer paso. Aurelio lo afirma. Y también Laura. Tal vez hice un comentario casual.
Es probable que este asunto se reduzca a una serie de malentendidos. Siempre he sido hábil en el arte de crear situaciones equívocas, en las que quedo atrapado. Es un don que el cielo podía haberse ahorrado.
El malentendido más embarazoso fue dejar creer y hasta creer yo mismo que Laura me gustaba. Que me hacía tilín, como decía el ocurrente de Aurelio.
La atracción que sentía no era del tipo que los demás pensaban.
Empezamos a salir juntos. Dábamos largos paseos y charlábamos. A veces, sentados en un banco, veíamos caer la tarde al lado del río. Mientras contemplábamos los últimos fulgores del sol poniente, permanecíamos callados.
Luego reemprendíamos nuestro deambular por la calle Torneo, hacia la plaza de Armas, donde entrábamos en un bar. Yo tomaba un café o una cerveza, ella un zumo de naranja natural. Si no había, íbamos a otro bar.
Laura tenía siempre mil cosas que contar. Podría hablar largo y tendido de ella. Podría reconstruir su vida. Sobre todo su infancia, a la que asignaba una importancia capital. Era en esa etapa cuando se hacían las tiradas de dados que decidían la partida.
Tenía un hermano pequeño al que, por las experiencias comunes de los primeros años, se sentía muy unida. Mirándome fijamente para transmitirme la intensidad emocional de ese lejano episodio, me contó que una vez se perdieron los dos en el monte donde pasaron la noche solos.
Los encontraron al día siguiente. Ambos estaban tranquilos. Ella recordaba esas horas de oscuridad y silencio como una iniciación.
Siguió contando, con una sonrisa forzada, que su padre perdió los estribos y la cogió por los pelos, zamarreándola sin contemplaciones, al tiempo que la acusaba de haber puesto en peligro la vida de su hermanito.
Al referirme el final de la historia, se pasó suavemente la mano por su hermosa melena, como si todavía le doliesen los tirones.
También yo sentí deseos de acariciarla. Y eso hice. Era tan agradable al tacto como imaginaba.
Esta vez, la sonrisa de Laura fue de complacencia. Sin brusquedad, apartó la cabeza dejando mi mano en el aire.

 

 

 

Licencia Creative Commons
Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported

Read Full Post »

Cuando reverdezca el campo
Cuando florezca la mandrágora
Cuando crezca el caudal del río

El camino emprenderé
Si los hados me son propicios

El camino que discurre
Paralelo al río
Remontando la corriente

El camino que se adentra
En el corazón de la sierra

Ese camino inexplorado
Que adónde lleva
No sé

Tan sólo
Que se adentra
En el corazón de la sierra

 

 

Licencia Creative Commons
Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.

Read Full Post »

26 de agosto de 2013 057

 

 

Licencia Creative Commons
Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.

Read Full Post »

Licencia Creative Commons
Esta obra está bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.

Read Full Post »

« Newer Posts - Older Posts »