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Posts Tagged ‘fantasía’

234.-Lo numinoso, al igual que lo terrorífico, está ligado a una manifestación de lo sobrenatural. Sin esta irrupción la realidad no sería más que la apoteosis del embotamiento.

235.-La fantasía participa de la fascinación que ejerce la ruptura de las leyes naturales y la liberación de entes ocultos o encadenados.

236.-Lo sobrenatural, lo numinoso, lo terrorífico, lo fantástico, lo maravilloso comparten el mismo carácter alternativo y transgresor, así como también su forma de actuar que es la aparición.

237.-Las hadas, los duendes, los encantadores, los elfos, los gnomos, los lémures, las larvas, las hamadríadas, los fantasmas, los espectros (de los que hay una gran variedad), los vampiros, los ogros, los dragones, las harpías, el mítico ruc, entre otros, son sus eficaces agentes.

238.-Los cementerios, las casas abandonadas, los castillos, las pesadillas, las alucinaciones, la noche, los delirios (sobre todo el “delirium tremens”), los parajes solitarios, los bosques, entre otros lugares, son los escenarios que propician la intervención de los agentes mencionados.

239.-Con la ciencia ficción, formalmente, los agentes y los escenarios han cambiado. Quizá el motivo principal de esta renovación sea la necesidad de crear un ámbito donde prime lo sobrenatural de modo que el ser humano pueda seguir estremeciéndose.

240.-Los milagros son otra expresión de lo maravilloso, es decir, un desafío a las leyes que rigen la naturaleza, un mentís a la racionalidad. Pero los milagros andan de capa caída. Sólo los simples los admiten. Existan o no, el hombre común, cuanto más el culto, los rechaza de plano.

241.-Lo mágico encubre deseos humanos. En este caso no es probable que se produzca ese escalofrío, ese calambre, ese pasmo que son la marca del afloramiento de lo desconocido. En vez de desfigurarse nuestro rostro en una espantosa mueca, es más probable que esbocemos una sonrisa, o que sintamos un cosquilleo.

242.-En Galicia, y no sólo allí, se oye decir en tono de broma: “Yo no creo en las meigas pero haberlas haylas”. Eso es hacer una declaración cubriéndose las espaldas. En esa misma línea de prudente contención, cuando a uno le preguntaron si creía en los fantasmas, respondió: “No, pero me dan miedo”.

243.-Los temores, los anhelos, las añoranzas, las querencias son un campo abonado para la imaginación, pero lo numinoso y lo terrorífico pertenecen al reino de lo sobrenatural y asestan sus pescozones desde ahí.

 

 

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El título completo del libro es “Vathek, cuento árabe”, que remite a “Las mil y una noches”. El protagonista, además, es nieto de Harún al-Rashid, aunque quizá habría que adjudicar ese papel principal a la fantasía de la que el autor hace un extraordinario despliegue.

Esta narración no cabe calificarla de imaginativa. La imaginación, por mucho que se aleje, permanece conectada a la realidad, en la que revierten sus planteamientos. Esta narración es fantástica porque va más allá de la realidad, de la que suelta amarras para cabriolar en el vacío.

La imaginación tiene, por escasa que sea, una vertiente práctica. La fantasía es la negación de toda veleidad utilitarista. A Beckford, heredero de una inmensa fortuna, le eran ajenas las preocupaciones materiales que atan corto a los seres humanos.

Repleto de tics literarios, el libro demuestra que la retórica puede ser sumamente eficaz a la hora de contar. Los tópicos están colocados en su sitio y, en lugar de lastrar el desarrollo de la acción, están a su servicio.

El tema central es el ansia desmedida de poder que a veces se enmascara de conocimiento. Para conseguir su objetivo, Vathek, secundado y espoleado por su madre, no duda en aliarse con las fuerzas del abismo. El deseo luciferino de omnipotencia mueve al cruel y soberbio califa.

Tras recibir una carta, Carathis, madre de Vathek, y trasunto de la posesiva y autoritaria madre del autor, sale en busca de su hijo que había desaparecido. Emprende tal expedición montada en un camello que comparte con dos negras. Cuando encuentra a su hijo, le canta las cuarenta.

“Ordenó que prepararan su gran camello Alboufaki y que hicieran venir a la horrenda Nerkes y a la implacable Cafour: No quiero nada de cortejos, dijo al visir; voy por asuntos urgentes, así que nada de desfiles; cuidaos del pueblo; desplumadlo bien en mi ausencia (…).

La noche era oscura y soplaba, de la llanura de Catoul, un viento malsano que hubiera hecho retroceder a cualquier viajero por mucha prisa que tuviera; pero Carathis se complacía mucho en todo lo que fuera funesto, Nerkes pensaba lo mismo y Cafour sentía particular predilección por las pestilencias. (…)

Carathis puso pie en tierra, así como las negras que llevaba a la grupa, y quedándose todas en camisa y calzones, corrieron bajo el ardiente sol para recoger hierbas venenosas que abundaban a orillas del pantano. (…)

Durante cuatro días y cuatro noches continuó sin detenerse su viaje. Al quinto atravesó montañas y bosques quemados a medias y al sexto llegó ante los hermosos biombos que ocultaban a todos los ojos los voluptuosos extravíos de su hijo. (…)

Carathis avanzó con sus negras y, montada todavía en Alboufaki, desgarraba las muselinas y las finas cortinas del pabellón. (…) Sin bajar de su camello y espumeante de rabia (…) estalló: ¡Monstruo de dos cabezas y cuatro piernas! ¿qué significa ese hermoso amontonamiento? ¿No te da vergüenza abrazar ese pimpollo en vez de los cetros de los sultanes preadamitas? (…) ¿Este es el fruto que sacaste de los grandes conocimientos que te di? (…) Despréndete de los brazos de esa tontuela; ahógala en el agua y sígueme”.

 

 

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VIII
Y quedamos varados
como un barco en la arena con sus velas marchitas.

Qué quedó, me pregunto, de nuestra fantasía,
de ese chorro imperioso de agua que refrescaba
nuestras noches y días.

Qué quedó, me pregunto, de esa fuente de vida,
más tarde denostada, más tarde maldecida,
como si acaso fuera la causa de la ruina.

Ahora queda bien poco:
el lejano recuerdo
de los días vividos
a pecho descubierto.

Oh, nuestra fantasía encallada en los médanos
como un viejo navío
cargado de tesoros,
de cofres rebosantes
de monedas de oro.

Cómo sacar el barco, nos preguntamos ahora,
inmóviles, cansados,
de su trampa de arena
y dejar que navegue
a desplegadas velas.

CSC_0078

 

 

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