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Archive for the ‘Bestiario’ Category

Bestiario (VIII)

VIII
Galería de horrores, museo de la infamia,
siniestros aguafuertes, retratos al carbón,
tétricos claroscuros, sombrías miniaturas,
pinceladas que ponen la carne de gallina,
mi colección privada de atracciones de feria,
de bufones sin gracia, de refinados sádicos,
de enanos mentirosos, chillones, narigudos,
de burros sin albarda.

 

 

 

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Bestiario (VII)

VII
La palabra es desdén. Dondequiera que miro
su reflejo acerado, de espadas levantadas,
dispuestas para el tajo, ofusca, sobrecoge.
Sus ojos lo traslucen con una luz ambigua
de charca donde el agua estancada se pudre.
Sus labios se contraen y silban las palabras
que parten ponzoñosas hacia los cuatro vientos.
Un gesto de la mano, la postura del cuerpo
rematan la faena.

 

 

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VI
Jodido mequetrefe que te especializaste
en hundir a la gente, en hacerla infeliz,
ocupas por derecho un lugar preeminente
entre las malas bestias que a coces y mordiscos
despanzurraron crueles nuestros primeros años.

 

 

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Bestiario (V)

V
Se volvió y espetó: “¿Adónde vais vosotros?”
Nos quedamos de piedra.
Parado en el camino, con gesto desdeñoso,
el paso nos cortaba. No hubo nadie que hablase.
Un pesado silencio cayó sobre nosotros.
La tarde era de otoño, la luz era dorada,
la atmósfera era tibia, el campo era una alfombra
mullida, verdemar.
Con los brazos en jarra repitió la pregunta:
“¿Adónde vais vosotros?”
Clavados en la tierra, quietos, avergonzados
de nuestra pretensión, los vimos alejarse,
adentrarse en el campo dulcemente otoñal.

Sus risas y sus voces se fueron extinguiendo.
El silencio de nuevo
cayó sobre nosotros, pesado como el plomo.

 

 

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Bestiario (IV)

IV
Así fuiste puliendo un calculado estilo
de estar, relacionarte,
de trazar una línea, no por imaginaria
de menor contundencia, que separaba a aquellos
que formaban tu círculo resplandeciente, gárrulo,
de los que estaban fuera, boquiabiertos, callados,
como si hubiesen sido del edén arrojados.

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Bestiario (III)

III
Éramos unos pánfilos
porque no comprendimos que también tú tenías,
a pesar de tus aires de superioridad,
igual necesidad
de sentirte integrado, de sentirte acogido.
Mas te las arreglabas para que pareciera
que todos esos dones los concedías tú
cuando se te antojaba.

 

 

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II
Eras todo un maestro en el arte dudoso
de ejercer el desprecio.
Mas debo comenzar confesando que yo
me sentí fascinado.
En torno a ti giraban el mundo, las personas.
Aquel mundo pequeño, que era el nuestro de entonces,
tan pequeño y hermoso,
no era más que un teatro y tú el protagonista,
los demás los comparsas, que tan sólo eran alguien
cuando tú los mirabas, cuando tú los tocabas
y entraban en contacto con tu augusta persona.

 

 

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Bestiario (I)

I
No haberte conocido, eso hubiese querido,
que tu vida y la mía no se hubiesen cruzado,
o quizá me lamento porque el valor no tuve
de cortar y alejarme, de seguir mi camino
sin dejarme atrapar.

 

 

 

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Me debo a mis demonios, ¿cómo puedo evitarlo?
Cuando escucho sus voces dentro de mi cabeza,
y siento su presencia, su fuerza, su poder,
contemporizo, callo. Me debo a mis fantasmas
que ululan por las noches, pobres almas en pena,
recorriendo, incansables, pasillos y desvanes,
asustando si pueden, haciendo su trabajo
de espíritus errantes. Y me debo a mis monstruos,
fabricados por mí con retazos cogidos
de aquí, de más allá. Algunos son terribles.
Introduje en sus venas más sangre de la cuenta.
Los hice prepotentes. Otros son espantajos,
Frankensteins de tercera, engendros malogrados.

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