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Anoche cenamos con la noticia
de un atentado.
¿Cometido por quién?
Por un grillado.

No dicen los periódicos
“asesinato”,
palabra fea
que causa espanto.

Y aunque aparecen
ensangrentados
en mitad de la calle
seres humanos,

de otra manera
quieren llamarlo.
Hablan incluso
de un altercado.

 

 

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Contraluz (III)

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En este libro una gota de agua cae en un depósito provocando fastidio por su monótona insistencia, pero sobre todo, debido a su resonancia en esa cavidad casi vacía, adquiriendo una importancia desproporcionada que puede llevar a quien la escucha al borde de la obsesión y, en cualquier caso, a la conciencia del absurdo.

En esa espera que se alarga interminablemente caben todas las ilusiones. Sabido es que una gota de agua tras otra, aunque sea a intervalos espaciados, acaba perforando la roca más dura. Los sueños son etéreos y resisten más. Por lo general es el soñador quien se desgasta antes, quien, física y anímicamente, es vencido por la persistencia de ese breve y sonoro chapoteo que se propaga como un nefasto eco por la habitación del teniente Drogo y por toda la Fortaleza Bastiani.

“Y él, Drogo, abre lentamente los ojos: el rey, el rey en persona está inclinado sobre él y lo llama valiente. Era la hora de las esperanzas y él forjaba heroicas historias que probablemente no se producirían nunca, pero que de todos modos servían para animar su vida. A veces se contentaba con mucho menos, renunciaba a ser él solo el héroe, renunciaba a la herida, renunciaba incluso al rey que lo llamaba valiente. En el fondo habría sido una simple batalla, una batalla sola, pero en serio, cargar con uniforme de gala y ser capaz de sonreír al precipitarse hacia las caras herméticas de los enemigo”.

Pero cuando ocurre algo de verdad, o eso parece, el teniente experimenta disgusto:

“Drogo sintió que se le revolvía la sangre. Ya está, pensó, olvidando completamente sus fantasías guerreras, precisamente a mí tenía que pasarme, ahora ocurre algún lío”.

El tictac acuático, que sigue sonando impertérrito, va cambiando a Drogo por fuera y por dentro. Todavía se mantiene firme en sus expectativas. Todavía da crédito a esa lucecita misteriosa que columbra en el horizonte, y cuyo descubrimiento guarda para sí por temor a que se apague. No obstante, su entereza disminuye y su filosofía se hace más realista.

“Poco a poco la confianza se debilitaba. Es difícil creer en algo cuando uno está solo y no puede hablar de ello con nadie. En esa época Drogo se dio cuenta de que los hombres, por mucho que se quieran, siempre permanecen alejados. Si uno sufre, el dolor es completamente suyo, ningún otro puede tomar para sí ni una mínima parte. Si uno sufre, no por eso los otros sienten el daño, aunque el amor sea grande, y eso provoca soledad en la vida”.

 

Traducción de Esther Benítez

 

 

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Hinojo (III)

 

 

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A continuación, durante largos periodos, se van operando múltiples combinaciones que darán lugar a las formas inertes y a las formas de vida primitivas, las cuales, a su vez, se irán haciendo más y más complejas. La máquina de la Evolución está en marcha. Ya sólo es cuestión de eones y de paciencia, de dejar que el azar y la necesidad, según Jacques Monod, actúen. Cuando el ser humano aparezca, se convertirá rápidamente en otro agente interventor. Empezará domesticando animales y adaptando plantas silvestres, y acabará explorando el espacio, de momento”.

“No me has explicado cómo nace la vida”. Emma me mira fijamente para averiguar si estoy de broma. “Con tus propias palabras, por supuesto” añado.

“Todo el mundo sabe que la vida nació en la sopa primigenia, y sin duda muy nutritiva, que se cocía en determinados cuencos o marmitas, y no me refiero al tamaño sino a la funcionalidad de esos lugares que reunían unas condiciones especiales para el surgimiento de los primeros seres. En ese sustancioso caldo sometido a las influencias eléctricas y a los rayos ultravioletas aparecieron las estructuras más simples que constituyen la base de las criaturas vivas.

“Hay que señalar, sin embargo, que de esas estructuras simples no se pasa siempre linealmente a las superiores. Por el contrario se producen saltos cualitativos que serían difíciles o imposibles de explicar si no fuera por los genes mutantes. Casi se podría afirmar que la mutación es el motor de la evolución, la cual, seguramente, habría colapsado sin la existencia de esos súbitos cambios o fallos en la secuencia de doble hélice del ADN”.

“Resumiendo” digo, “la religión habla de creación y la ciencia de explosión. La primera ofrece creencias y la segunda explicaciones o, en su defecto, hipótesis” “Así es. De esta forma la ciencia no sólo está arrinconando, o tratándolo al menos, a la religión sino también a la filosofía. Las especulaciones de cualquier signo, si no viene avaladas por el método científico, son de dudoso valor, en el caso de que se les conceda alguno.

“Es a la ciencia a quien corresponde desvelar todos los enigmas, siendo cuestionada cualquier otra aportación. Los que aún no ha solucionado, lo estarán cuando llegue su momento. Y caiga el anatema sobre la cabeza de quien se atreva a disentir. Es a la ciencia a quien corresponde hablar. El resto de los saberes debe mantenerse en un respetuoso y discreto segundo término.

“Con todo, la ciencia se ve abocada en ocasiones a recurrir a esos otros saberes para redondear una teoría o presentarla de forma coherente. Su recurso a la simbología, de la que no puede prescindir, así lo prueba.

“El que sintetiza la Evolución es uno de los símbolos de mayor riqueza de significados con que cuenta la humanidad. El árbol.

“Fue el propio Darwin quien recurrió a esta imagen para explicar gráficamente el proceso evolutivo. Y este primer esquema ha dado lugar a otro más elaborado hasta convertirse en un árbol de la vida, o lo que en las religiones y mitologías se conoce como árbol sagrado, inscribiéndose de esta manera en esa milenaria tradición que incluye la acacia de los egipcios y el Yggdrasil escandinavo (un tejo o un fresno), entre otros.

“Sin olvidar el cabalístico árbol de la vida formado por los diez Sefirot, ni el árbol Bodhi, la higuera bajo la cual Buda alcanzó la iluminación y permaneció una semana con los ojos abiertos sin parpadear.

“Este árbol de la vida, sagrado o cósmico está habitado por animales y espíritus. El de la evolución tiene también sus ramas repletas de todas las especies, las cuales conforman un armonioso conjunto. Pero árboles de la vida, no tan detallados y rigurosos como el proporcionado por la ciencia, los encontramos hasta en un recipiente de vidrio egipcio del año 1500 a.C., que es el más antiguo del mundo.

“El árbol es fundamentalmente un símbolo de la unión de arriba y abajo, del cielo, adonde eleva sus ramas, y de la tierra, en donde hunde sus raíces” “Me estaba acordando de otro de esos especímenes” digo, “el que aparece en la película Avatar, el Árbol Madre alrededor del cual viven los na’vi, esos nativos altos, azules y con cola que lo defienden a muerte. Por cierto, tiene una sugerente banda sonora con toques épicos y étnicos”.

 

 

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Plumbago (II)

 

 

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192.-Emma está viendo una serie sobre el origen del universo y de la vida en la televisión. Entre cáustica y satírica me habla de ella. La teoría del Big Bang en concreto le produce una perplejidad que la altera.

“Es una tesis fantástica, no en el sentido de extraordinaria sino de fantasiosa. Al principio tuvo lugar una gran explosión que fue el principio de todo, de la que ha nacido nuestro universo. ¿Y antes de esa explosión qué había?” “Supongo que nada”.

“Tú conoces el principio metafísico atribuido a Parménides que en latín reza: ex nihilo nihil fit. Sólo a Dios es posible crear de la nada. Y aquí Dios está descartado” “Entonces algo tendría que haber para que esa explosión pudiera suceder” “Por supuesto. Sin leña u otro combustible no hay fuego. Algo tiene que arder para que las llamas iluminen la oscuridad” “¿Y qué había?”.

“Un estado de alta densidad que tras el chupinazo fue expandiéndose” “Suena tan enigmático como el misterio de Santísima Trinidad” “Pues sí, antes había un estado altamente denso y caliente. Luego vino la explosión que, al parecer, tampoco es tal. Quiero decir que todo el mundo piensa en el estallido de una bomba. Y no fue así. Lo que hubo fue una singularidad seguida de una expansión, que todavía hoy continúa” “¿Hubo una contracción y una dilatación de ese estado altamente denso y caliente, que no hay que confundir con la materia, pues ni esta ni el tiempo existían antes de ese fenómeno al que seguiré llamando Big Bang?” “Algo así. Hay pruebas de que ese hecho es cierto. Lo demuestran los rastros de helio y la radiación en los espacios interestales, que sólo pueden ser debidos a esa detonación fundacional.

“Todo esto ha permitido datar la edad del universo con precisión: trece mil ochocientos millones de años. En el programa presentaban un calendario donde se especificaban las fechas más importantes de la Evolución a partir del día D”.

“La teoría del Big Bang” replico “no me parece especialmente original. Si regresamos a la Grecia clásica, en donde siempre acabamos recalando, tenemos a los estoicos que proponían también una conflagración universal con la que se cerraba un ciclo e inauguraba otro en el que se calcaba el anterior y así ad infinitum” “El eterno retorno, que a mí me acongoja.

“El Big Bang es algo semejante con la diferencia de que sólo ocurre una vez y al principio, pero las consecuencias son similares. En ambos casos se pone en marcha el proceso de la Evolución que para los estoicos se repite cíclicamente.

“El presentador del programa no hizo ninguna alusión a esa escuela filosófica, pero, como si no quisiera quedarse atrás a la hora de especular, propuso un sinnúmero de universos que ya no tengo claro si nacen todos del mismo Big Bang o cada uno tiene el suyo.

“Y nos mostró una imagen que me recordó la piscina de bolas de colores con la que tanto disfrutan los niños. La de la serie era mucho más grande. En realidad infinita” “Cuesta concebir semejante piscina” “Si nos atenemos al argumento ontológico, es un intento descarado de jubilar a Dios. Esa infinitud de universos ocuparía su lugar. Nada más grande que eso podemos pensar. Y esa piscina no la plantean como idea sino como algo real. Por lo tanto existe”.

“Incluso teniendo en cuenta los datos científicos, la teoría de Big Bang y ese estanque ilimitado requieren una dosis de fe que nada tiene que envidiar a la exigida por los dogmas religiosos” “Pues te sigo contando o disparatando porque, como ya sabes, yo no soy una especialista en este tema ni en ningún otro, sino una simple observadora que se hace algunas preguntas.

“Con esa morrocotuda explosión, aparte de surgir el tiempo (es a partir de ese momento cuando empezamos a medirlo), aparecieron también todos los elementos de la tabla periódica, tanto los que conocemos como los que se irán descubriendo hasta completarla.

 

 

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Azulejos (XXV)

21 de marzo de 2015 052

 

 

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Azulejos (XXIV)

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III

Julio se pregunta: “¿Cómo ha podido suceder? Y mira los desangelados bloques de pisos, las innumerables ventanas, los coches aparcados.

Apoyado en la baranda de la terraza, fuma un cigarrillo mientras Marina se arregla.

“Procura ser amable con mi madre. No seas tan seco como de costumbre” “Sí” “No te cuesta trabajo interesarte por su salud” “Sí” “A las personas mayores les gusta que les presten atención” “Sí” “Deja de decir sí”.

Marina lleva un vestido azul que la favorece. “Se hace tarde. Vamos”.

Quedan pocas horas para que el día acabe, para que lleguen esos secretos instantes que lo redimen. En el ascensor toca preguntar: “¿Cerraste los grifos?” “A ver si cambias el disco”.

Julio sonríe interiormente. Hace tiempo su mujer dejó abierto el grifo del fregadero con el tapón puesto. Cuando regresaron, el piso estaba encharcado.

Julio se promete una vez más cambiar el disco, como dice irritada Marina. Pero la inercia convierte en hábitos las palabras y los gestos. ¿No se dan los buenos días aunque esté lloviendo a cántaros?

Por el camino ella insiste en que se muestre más educado y comunicativo con su madre, cuyo cúmulo de dolencias hastía a Julio. Esta vez se abstiene de decir sí.

Piensa: “Mi dulce compañera, mi bienamada, mi bálsamo, mi fiel aliada, ¿cómo, sin tu ayuda, me atrevería a enfrentarme a esa cotorra cuyos únicos temas de conversación son las enfermedades y los chismes del barrio? ¿De dónde saco fuerzas para soportar sus suspicacias y sus enfurruñamientos sino de ti? ¿No eres tú la que me infundes la serenidad necesaria?”.

“Ya hemos llegado”. Julio susurra: “Horror” “¿Qué has dicho?” “Nada” “Has dicho valor. Me he enterado”.

A Marina le chispean los ojos. “Te lo advierto: como estés grosero con ella, vamos a tener gresca”. Luego pulsa el timbre. Se oyen pasos y pestillos que se descorren.

“¡Sois vosotros! Pasad. Me estaba preguntando si os habíais olvidado de mí. Pasad”.

-o-

Julio de desviste con parsimonia. Se quita la chaqueta, el jersey. Con gesto inocente, repleto de ternura, los coloca en el sillón de terciopelo.

Durante meses ha estado elaborando un magnífico plan para destruir la ciudad, de la que no van a quedar ni los cimientos. Este prolijo sueño que ha requerido tanta concentración y entrega, está tocando a su fin.

Normalmente Julio no traza maquinaciones belicistas. Es más propenso a las tenues ensoñaciones de carácter amoroso. Sus aventuras y flirteos imaginarios son incontables. Pero últimamente los juegos eróticos han cedido su sitio a esa labor demoledora.

Gracias a su buena memoria que le permite almacenar todos los datos, incluidos los detalles más nimios, Julio realiza esta magna empresa sin recurrir al papel y al bolígrafo.

Arroja la corbata sobre la chaqueta. A medida que se desabrocha la camisa, nombra las fases de su plan cuyo recuento coincide con el número de botones. Este es el paso previo antes de continuar y perfeccionar esta fabulación.

Marina, como suele ocurrirle, se ha quedado dormida con el libro en las manos. Julio lo coge con cuidado, lo deja en la mesita de noche y apaga la luz de la lámpara con una tulipa naranja.

Alcanzado este punto, las miserias cotidianas y los sentimientos opresores se diluyen. Se quita los zapatos, los calcetines y los pantalones. Se pone el pijama. En su cabeza bullen nuevos sistemas de devastación.

Se mete en la cama, se encoge, se estira como un animal que se apresta al combate. Apaga su lámpara. Sus ojos perforan la oscuridad como los de una rapaz nocturna antes de emprender el vuelo.

Respira profundamente y dice quedo: “Las explosiones en cadena se sucederán como una traca gigantesca…”.

 

 

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