Feeds:
Entradas
Comentarios

Posts Tagged ‘felicidad’

4

Es difícil no deslizarse hacia un paternalismo con menos alcance que los tirachinas que compro a mis nietos en el kiosco de la esquina. Pero más difícil todavía es pasar por alto ciertas señales sin hacer ningún comentario.

Me refiero concretamente a las ojeras que mi hija achaca a la falta de sueño. Y sospecho que también al exceso de alcohol. Ya le he dicho que la solución de los conflictos no está en el interior de una botella. Ni los náufragos ni los cosacos son referentes fiables.

Lo único que ha conseguido es una gastritis a cuya aparición habrá contribuido el eterno cigarrillo que tiene entre los dedos.

Es libre de fumar, de beber, de trasnochar y de no comer. Es libre de venir a verme o de telefonear para interesarse por nosotros y comunicarnos que se va a Portugal con unos amigos a pasar cuatro días aprovechando un puente.

No tengo argumentos para convencerla de que algo no va bien, ni tampoco me queda el discutible consuelo de darle consejos en cuyo valor no he creído yo mismo.

Si cometiera esa imprudencia, la alejaría más de mí. Entre los pocos recursos de que dispongo, me sirvo de la insinuación, de la sugerencia, de los juegos verbales que pretendo ingeniosos, de establecer lazos de complicidad entre ambos, de reinstaurar el clima de camaradería de antaño, cuando nos aliábamos en secreto y nos íbamos los dos solos al cine o cuando se las arreglaba para que, so pena de violar un pacto sagrado, le comprara un disco o cualquier otra cosa.

Esas tretas me valen de bien poco. Desde el momento en que huele que intento abordar determinados temas, cambia de conversación, hace un chiste o mira el reloj, que es su arma más temible, y anuncia su retirada.

Sabe cuál es mi punto flaco. No me queda otro remedio que dar marcha atrás.

5

Me veo forzado a ser un mero espectador. Esta situación la vivo como un castigo. En mi opinión el espectador es un elemento pasivo e impotente. No hablo, por supuesto, de quien va al cine.

Me refiero a quienes piensan que la vida es un teatro, nada atractivo además, y se sientan en su butaca a contemplar el desarrollo. Lo que ellos no saben es que en esa función a ellos les ha tocado el papel menos lucido: el de figurantes. Otra cosa diferente es que a uno se le arrincone.

Al abordar esta cuestión con mi hija Rosario, que me escucha con deferencia, para darme ese pequeño gusto, no poniendo en mis palabras más que la atención necesaria para no perderse y poder corroborar o refutar un punto determinado de mis reflexiones, intuyo que no basta con encarnar un personaje.

Esa asunción voluntaria o impuesta es a la postre tan banal como la pretensión de no participar en la gran pantomima.

¿No es un desatino jugar a ser feliz porque así lo mandan las circunstancias? ¿Representar no ya de cara a los otros sino ante uno mismo los actos de una obra donde no tienen cabida los sentimientos y las necesidades del cómico?

Si fuera posible, cambiaría el cariño y la admiración que le inspiro por tener con ella una conversación de la que estuvieran ausentes las consabidas bromas y los trillados tópicos.

6

Pero si la actitud de mi hija me subleva, ¿por qué no soy yo quien toma la decisión de hablar claro?

¿Por qué esta angustia? ¿Por qué estos temores? ¿Estoy también rehuyendo lo esencial?

Hoy ha telefoneado. Vendrá el domingo. La alegría de verla ha obrado en mí un efecto inmediato. Mi mujer y mis otros hijos, como siempre, se han percatado de esta transformación y me han lanzado las pullas de rigor que he soportado sin rechistar. Incluso sus sarcasmos forman parte del ritual de la llegada y, aunque frunza el ceño, no me molestan.

Desde ahora mi empeño se centrará en hallar los medios más eficaces para retenerla el mayor tiempo posible.

 

 

Licencia de Creative Commons
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported.

Read Full Post »

XVIII
La felicidad está
detrás de las ventanas,
entreabiertas de día,
de noche iluminadas.

Derramando su luz,
proyectando su paz,
en lugares lejanos
la felicidad está.

Lugares entrevistos
en sueños, mapas, libros
antiguos o modernos,
reales o ficticios.

La religión lo sabe
y nos habla del cielo
allá en la otra vida.
En esta está el infierno.

Pero los paraísos
resplandecientes, bellos,
son sólo una promesa,
tal vez un embeleco.

Y miro las ventanas
que esconden tanta dicha.
Si yo estuviera ahí,
me digo con envidia.

A veces me acometen
unos locos deseos
de ser feliz, de estar
en paz conmigo mismo.

Sólo tengo un consuelo
y es mirar las ventanas,
sobre todo de noche,
cuando esparcen su luz
como un bálsamo suave.

 

 

 

Licencia de Creative Commons
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported.

Read Full Post »

3

Prosigue la inacabable cadena de tiendas y oficinas que flanquean la marcha hasta el puente. Bazares indios, restaurantes italianos, hamburgueserías, muebles antiguos, diseños de interior. Delante de este negocio me paro y echo un vistazo a sus bonitos proyectos decorativos. Los hacen a la medida de tus deseos y necesidades. ¿Será lo que ando buscando? ¿En lugar de cruzar el puente no debería trasponer la entrada de esa tienda y pedir un presupuesto para redecorar mi piso?

Es un momento de duda. El puente lo tengo que cruzar yo. Los planos y su ejecución los hacen ellos. Es un momento de burla. Demasiado bien sé que el interiorismo y otras cataplasmas a lo mejor alivian momentáneamente, pero no llegan al fondo del problema, no curan. Es probable que nada cure. Ni un piso estiloso ni un psicoanalista de postín.

Entonces iba ligero. ¿Es ese el estado que quiero recuperar? Pobre de mí. Me vuelvo a detener. En un kiosco de prensa venden a buen precio las obras de Platón. Es una edición esmerada, de tapa dura. Platón es el padre de la filosofía. Pero si ya tengo en los anaqueles de mi biblioteca casi todos sus diálogos. ¿Los quiero tener repetidos?

Me respondo que no y coloco en su sitio el volumen que he cogido y hojeado. Y me adentro en la gran plaza circular en la que desemboca la avenida.

Para ser feliz se requiere cierto grado de inconsciencia del que carezco. Opté por la lucidez, por la responsabilidad. No se me escapan los detalles. No soy olvidadizo ni distraído. Mi mente es un promontorio azotado por todos los vientos. Un islote donde no hay cobijo. ¿Cómo me atrevo a hablar de felicidad?

Recorro la mitad derecha de la amplia acera que circunvala la plaza. Heme aquí ante el puente, rodeado, escoltado, asaltado, tironeado por esos engendros que siempre me acompañan, pero que, en determinadas circunstancias, como ahora, cuando se trata de cruzar un puente, se manifiestan desvergonzadamente, pregonan su presencia con grotescas gesticulaciones, con siniestras sonrisas. Si pudiera, los decapitaba a todos.

Sigo andando como si tal cosa. Los ignoro. Es lo único que se puede hacer. Ellos me pinchan y yo hago como que no me duele. Ellos presionan sobre puntos sensibles y yo me limito a tragar saliva.

Ese miedo y esa congoja no existían entonces. Son el legado de mi despertar, de mi aterrizaje, de mis pecados, de mis combates. A lo mejor el aire los dispersa mientras cruzo esa construcción tendida sobre el vacío. Los puentes desafían a la nada. Es uno de los lugares donde se está más expuesto. Solo con esa cohorte de bufones y de demonios.

Los puentes nos descubren, en el sentido de que nos ponen al descubierto. Nos ofrecen también la posibilidad de transmutar nuestra debilidad en entereza.

 

 

Licencia de Creative Commons
Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported.

Read Full Post »

Dice Sócrates: “Ríndete, pues, a mis razones y sígueme por la ruta que te conducirá a la felicidad en esta vida y después de tu muerte, como acaba de demostrar este discurso. Sufre que se te menosprecie como a un insensato, que te insulten, si quieren, y hasta déjate abofetear sin protestar aunque te parezca infamante. Ningún mal te sucederá por ello si eres realmente un hombre bueno dedicado a la práctica de la virtud. Después que la hayamos cultivado en compañía, si lo juzgamos a propósito, intervendremos en los negocios públicos”. (Platón, Gorgias, o de la retórica)

Read Full Post »