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Posts Tagged ‘fijaciones’

225.-En el último té estuvo dando la matraca con uno de sus temas preferidos. Fijaciones, los llama Emma. En este caso una particularmente irritante ya de por sí y más en su boca: la revolución.

“Es cuando menos chocante que ella, que vive como una reina, que se permite todos los caprichos, entre los que se cuenta vestir en Versace, y que, como dicen en tu pueblo, no tiene atadero ni por el pescuezo, o sea, que hace su santa voluntad, se ponga a perorar sobre la necesidad de poner patas arriba el “establishment”. Ayer tarde nos dio la murga bien dada. De cada cinco palabras una era revolución” “Hace bonito y si nadie se atreve a piar, queda como una jequesa” “¿No se dice jequeresa?” “Como se diga”.

“En cualquier caso, pronunciar esos sermones a la hora del té, ante nosotras, todas tan elegantes y perfumadas, está fuera de lugar” “Seguramente más de una la escuchaba embelesada. Fuencisla –así se llama la insurrecta de salón que es de Segovia – tiene gancho”

“Podía ahorrarse la impostura” “No negarás que distrae a la concurrencia y anima las reuniones” “Zumbón te veo ¿Qué es para ti la revolución?” “Uno de los nombre de Dios, como el Altísimo, el Misericordioso, el Omnipotente. O uno de sus atributos, como la justicia, la bondad o el amor”.

“¿Y la revolución permanente de la que Fuencisla, ferviente admiradora de Moustaki en su juventud, también nos administró una generosa dosis?” “Siempre me ha parecido un misterio, como el de la Santa Trinidad”.

“Ahora va a resultar que mi amiga no es una revolucionaria sino una mística” “No es más que una vividora, una chica de buena familia a la que nunca le ha faltado de nada, mejor dicho, a la que le ha sobrado de todo, aquejada de mala conciencia que compensa o trata de neutralizar con esos arrebatos políticos”.

 

 

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01 de mayo de 2014 04578.-La rigidez, la inflexibilidad, la cerrazón dejan escaso margen de maniobra. La única posible, a veces, es salir dando un portazo.

79.- Todos tenemos cuelgues y fijaciones. Eso es malo. Pero todavía es peor que tratemos de imponérselos a los demás.

80.- Me pide Emma que defina al creyente. “Desde el punto de vista socrático, que comparto” respondo, “es la persona que tiene la esperanza de que hay algo después de la muerte, algo mejor para los buenos que para los malos”. “¿Y un ateo?” “El que niega esa esperanza”.

81.-Convivir con las injusticias es uno de los más duros aprendizajes. Convivir no quiere decir aceptar sino verse obligado a seguir adelante a pesar de todo. Otra asignatura que se cursa forzosamente, y que nunca se logra aprobar, es la convivencia con las actitudes irracionales. Unas y otras pueden dar al traste con los principios más asentados y las resoluciones más firmes. Unas y otras ponen a prueba los nervios. Unas y otras son los golpes que hay que encajar sin renunciar al sentido de la justicia ni despreciar la luz de la razón.

82.-Algunos piensan que nunca han llegado. Por eso no paran de andar. Piensan que lo mejor está por hacer, que la meta está más lejos, que son ellos los que tienen que seguir.

83.-Todos pagamos un precio. Es verdad que no todos los precios son de la misma cuantía. Los hay altos y bajos. Y verdad es también que algunos que pagan un precio irrisorio se quejan más que los que pagan un precio elevado.

Tarde o temprano todos comprobamos que nada es gratis. Lo único que hay que ver es si el precio que estamos pagando nos conviene. Pero que no nos quepa la menor duda de que un precio hay que pagar.

84.-Estaba vestida estrafalariamente. Cómoda, decía ella, metiendo las manos en los bolsillos de los anchos pantalones y tirando hacia fuera, adoptando así la figura de un polichinela. Sin duda este gesto le resultaba gracioso o chic, vaya usted a saber. Un muestra de su espontaneidad.

“La cosa funciona o no funciona, eso es todo” “¿Y no se puede hacer nada para que funcione?”.

Esbozando un mohín de fatalidad, respondió: “No. Te lo he explicado varias veces, pero tú no quieres entenderlo. La vida es una cuestión de funcionamiento. Eso es lo único que hay que saber y aceptar. Ahí radica toda la sabiduría. Los funcionamientos no se fuerzan. A lo más que podemos aspirar es a un buen funcionamiento” “Y nosotros lo único que debemos hacer es cogerlo por los pelos si pasa a nuestro lado” “Pues sí, se podría expresar así. No le des más vueltas. Siempre te ha gustado comerte el coco. La clave es esta: la vida, en cualquiera de sus aspectos, funciona o no funciona. No te lo repito ni una vez más”. Y dicho esto, dejándome con la palabra en la boca, se alejó con sus pantalones bombachos, su camiseta ancha de Armani y sus collares de bisutería fina.

 

 

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40.-Los malos humores, las caras largas, las respuestas airadas, los gestos desdeñosos, los dardos verbales, las reacciones irracionales son las gotas o los chorros de ácido que corroen la convivencia hasta dejarla reducida a una patética carcasa.
A los graves problemas, a las grandes canalladas se les hace frente de otra manera. Asumiéndolos, reaccionando en el acto ante ellas. La posibilidad de que todo salte por los aires no se puede descartar en ninguno caso.
Pero las fijaciones, los desplantes, los desencuentros, las proyecciones, las falsas expectativas segregan un vitriolo que va destruyendo los tejidos paulatina e insidiosamente. Llegado un momento, puede ocurrir que uno no sepa si pertenece al reino de los vivos o al de los muertos.

41.-A los malos humores hay que oponer el sentido del humor, que es el remedio más eficaz para neutralizarlos. Para diluir ese ácido letal. Para facilitar los intercambios humanos.
Tomárselo todo en serio es condenarse a caminar por un desfiladero, es empobrecer la propia vida con una lectura en la que no cabe ninguna interpretación salvo la estrictamente literal. Y por supuesto, de semejante actitud, la convivencia se resiente en serio.
Tomárselo todo a risa es una estupidez. Y tomárselo todo a pecho un disparate. Entre medias anda el sentido del humor, cierta frívola impostación de los acontecimientos que no cuestiona su importancia ni todavía menos los relativiza, sólo los ilumina con otra luz más amable.

 

 

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                                   II
Aparte de esas modificaciones exteriores que han convertido mi piso en un lugar ajeno, hay otras con una mayor incidencia en mi sentimiento de extrañeza y en mi incomodidad.
En las relaciones cotidianas, ignoro por qué razón, das por sentada una serie de ideas y juicios sin haberlos hablado previamente conmigo. Al parecer, partes de la base de que pienso igual que tú, de que comparto tus puntos de vistas al cien por cien, de que tengo tus mismas fobias y tus mismas filias.
Cuando se trata de uno de tus grandes temas, o más bien fijaciones, he observado que cualquier otra opinión distinta a la tuya la consideras herética, condenable, digna de desprecio. De hecho, cualquier otra opinión no tiene cabida, es imposible.
Tus grandes temas incontrovertibles reducen al interlocutor al papel de comparsa con el patético derecho de asentir o, a lo sumo, matizar dentro de los límites establecidos, con el debido respeto a la ortodoxia, sin sacar los pies del plato.
En este asunto, como en el de la redecoración del piso, tu ninguneo resulta ya cómico ya humillante. Y lo mismo da que se trate de una actitud deliberada o inconsciente.
Me preguntas por el motivo de mis enfurruñamientos, como tú los llamas, y de mis reaccionas desproporcionadas, así las calificas. A pesar de tu inteligencia y de tu sensibilidad, sólo ves lo que quieres ver. Padeces de ceguera selectiva.
Ahora que te vas, me preguntas también por qué no hago nada por impedir tu partida. Me reprochas que no siento pena.
Reconoces que llegaste y lo organizaste todo a tu gusto, marcaste las pautas por las que había que regirse, te encargaste de poner la música a cuyo son había que bailar. Por supuesto, todo lo hiciste en aras de una feliz convivencia, con la mejor de las intenciones.
El infierno está empedrado de buenos propósitos que a menudo no son más que una coartada para hacer nuestra santa voluntad, una justificación de nuestros desafueros.
Mi cometido consistía en admirarte, en llevarte la corriente no como a los locos o a los niños, que eso resulta irritante, sino como a un ser merecedor de ese trato por estar más evolucionado.
También debía apoyarte y no decir inconveniencias en presencia de tus amigas, aunque fuese con el ánimo de hacer un chiste y divertir.
No te equivocas al afirmar que necesito estar solo, sobre todo después de la experiencia de haber vivido contigo.

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