Archive for enero 2020
Las tres Gracias – Francesco Righetti
Posted in Fotos, tagged bronce, Francesco Righetti, Luigi Righetti, siglo XVIII on enero 14, 2020| Leave a Comment »
Peripecias de Edu – 16
Posted in Peripecias de Edu, tagged descripción parcial del bosque de Tuum, Edu, el “estupor”, el árbol de color escarlata, el bosque de Tuum, Hemón, la “cosa” on enero 13, 2020| 2 Comments »
Hemón y Edu tuvieron la misma idea que Roque y su banda, pero sin que se les pasara por la cabeza realizar un conjuro para convocar a las fuerzas que residen en el bosque de Tuum.
Movidos por la curiosidad, sólo querían contemplar la arcana arboleda y quizá recorrer una parte de su perímetro para calibrar su grandiosidad.
Esa compacta masa vegetal, situada aproximadamente en el centro de la Isla, se extendía en dirección noroeste y despedía un olor peculiar a cuero que a veces se percibía en el castillo.
Se comentaba entonces que el bosque estaba enviando un mensaje sobre cuyo contenido no había acuerdo.
A pesar de su enclave, Tuum no era el corazón de la Isla. Según Gregor, el Maestro Calderero, era su hígado o, en cualquier caso, una víscera profundamente enterrada en el cuerpo. Esta opinión era compartida por los otros Maestros.
Antes de llegar había una ancha franja de terreno en la que abundaban los matorrales, los cuales formaban setos enmarañados y montaraces parterres.
Los dos amigos se detuvieron junto a un durillo de lustrosas hojas. Frente a ellos se erguían los antiguos habitantes de Tuum.
Un ejemplar anaranjado, lleno de nudosidades y abultamientos, atrajo su atención.
Hemón dijo que el árbol los estaba llamando. Edu sonrió. Él sentía también que ese corpulento individuo de ramas retorcidas se hacía notar de forma deliberada.
El color de su corteza cambió al escarlata y luego a un rojo oscuro que los sobresaltó. Parecía que se había encolerizado y estaba a punto de reprenderlos. En lugar de tal reacción, exhaló un aroma dulce que provocó una ligera embriaguez a los muchachos.
Más allá había un cónclave. Los más altos se inclinaban para escuchar mejor. Grises y cavilosos, con grandes placas irregulares en ángulos cada vez más abiertos que finalmente se desprendían del tronco, debían contarse entre los más provectos.
A medida que recorrían a distancia el contorno del bosque, aumentaba el asombro de Edu y Hemón.
Las ramas bajas de un árbol de copa muy desplegada planeaban sobre el suelo marcando el territorio, no invadido por ninguna planta. Su relativo aislamiento ponía de manifiesto su peculiar belleza. Los rayos de sol arrancaban destellos de su follaje glauco y de su fuste plateado.
En el bosque de Tuum imperaba un silencio más sobrecogedor que el trueno más retumbante.
Sus longevos moradores, algunos de los cuales semejaban taciturnos guardianes, estaban ahí desde que la Isla emergiera del abismo oceánico. .
A Hemón y a Edu les dio un vuelco el corazón cuando percibieron un susurro.
No corría viento. Tal vez fue una ilusión propiciada por su propia ansiedad.
Pero el murmullo se repitió claramente. No eran voces ni silbidos. Era más bien un jadeo apagado, la trabajosa respiración de un gigantesco animal.
Aguzaron la vista y vislumbraron algo que se movía.
Una bocanada de aire helado los hizo estremecer. La frialdad, más que en la cara o en las manos, la sintieron interiormente.
¿Era el vaho de una bestia antediluviana que había despertado y se desperezaba, o que había descubierto la presencia de los muchachos y cambiaba de posición para estudiarlos mejor?
Los dos aprendices sabían que en el bosque de Tuum no vivían ni seres humanos ni animales. Por esa razón, la ausencia de ruidos, salvo los provocados por el viento en las hojas, era absoluta.
Luego oyeron un crepitar de ramas rotas. Ambos amigos tuvieron un atisbo en cuya descripción no coincidieron.
Hemón insistía en utilizar la palabra “cosa”. Ningún otro nombre le parecía adecuado. Y esa “cosa” aspiraba a dominar, a sojuzgar, a devorar. Así pues, debían alejarse cuanto antes.
Pero la impresión de Edu, a quien ese aliento glacial infundió una insólita lucidez, fue diferente. Entrevió una fuerza destructora. Esa calamitosa realidad primigenia lo sumió en un estado de estupor.
Cipreses (IV)
Posted in Árboles y plantas, tagged cipreses, Cupressus sempervirens on enero 9, 2020| 5 Comments »
Anteo (IV)
Posted in Anteo, tagged ave de los trópicos, calleja, júbilo, sueños, vida on enero 8, 2020| 6 Comments »
IV
Sigo andando por esa calleja curvilínea,
calleja de los sueños,
donde mana la vida
en un punto concreto,
donde está la salida
del mundo rutinario,
donde el júbilo anida
cual ave de los trópicos
cuyas plumas se irisan
con la luz matinal, con la luz vespertina.
Puerto exterior y abra de Bilbao – Juan Martínez Abades
Posted in Fotos, tagged Juan Martínez Abades, marinas, museo Carmen Thyssen, Puerto exterior y Abra de Bilbao on enero 7, 2020| Leave a Comment »
Peripecias de Edu – 15
Posted in Peripecias de Edu, tagged el bosque de Tuum, el genio fallido, Kim, la banda, la camisa de lino con la H de Haitink, la invocación, los Zapadores, Roque on enero 6, 2020| 2 Comments »
Después del almuerzo, aprovechando que tenían la tarde libre, los Zapadores se encaminaron al bosque de Tuum.
Deteniéndose a escasa distancia de ese recinto sombrío y misterioso, contemplaron los árboles centenarios sin despegar los labios, sintiendo cómo se les erizaban los pelos del cogote.
Roque indicó que era allí donde había que realizar la invocación. Para tranquilizar a sus compañeros añadió condescendiente que no era necesario entrar. Si acaso alguien saldría, bromeó.
Luego les mandó que formaran un círculo cuyo centro ocupó. Kim, con la confianza que le daba ser su lugarteniente, preguntó al líder si sabía lo que estaba haciendo. Este respondió que controlaba la situación. Sonriendo vagamente añadió que pronto lo comprobarían.
Elevando la voz y las manos Roque principió el conjuro. Las palabras guturales resonaron ininteligibles. Las estuvo repitiendo a pleno pulmón hasta que un brazo de niebla oscura y espesa surgió del bosque.
Esa emanación avanzó y se cernió sobre el corro de inmóviles muchachos. A continuación giró en espiral hasta formar un lóbrego dosel que desprendía un vaho fétido, como el aliento de un enfermo.
El oficiante y sus acólitos se asustaron y huyeron. De lejos vieron cómo la nube descendía y se transformaba en un cuerpo de apariencia humana, cuyas extremidades crecían y menguaban, cuya cabeza aparecía y desaparecía, asomando por diversos puntos del contorno irregular de esa figura en perpetuo estado de cambio.
El terror se apoderó de los miembros de la banda cuando se percataron de que ese ente o ese genio fallido, como lo definió Roque más tarde, salía en su persecución.
Por fortuna, bien porque sus fuerzas se debilitasen a medida que se alejaba del bosque de Tuum, bien porque la camisa de lino bordada con la H de Haitink cumpliese su función protectora, las prolongaciones tentaculares de esa gigantesca ameba no lograron capturar a los pandilleros.
Archivo de Indias – Patio
Posted in Fotos, tagged Archivo de Indias, Archivo General de Indias, patio central, patio interior on enero 3, 2020| 2 Comments »










