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Archive for the ‘Poemas’ Category

I
Altivo, disconforme, de pie sobre un peñasco,
escuchas cómo muere el eco en la distancia.
Te aferras ciegamente a tu forma de ser
y el sufrimiento alza su cabeza leonina.
Una aullante manada de hienas y chacales
arrasa lo que encuentra en su avance incesante.
Con su luz argentada ilumina la luna
los agudos colmillos, los duros pedregales,
la desnudez del mundo.

II
¡Oh, hijo de Saturno! que cobijas el alma
en la melancolía, en ese cascabullo
del color de tus sueños.
El púrpura, el violeta
ponen notas dramáticas a tu felicidad.
Distante, replegado, ya la paz encontraste.

III
Estandartes, espadas proclaman el orgullo
de los que aman la guerra, mas tú no buscas eso.
Toda esa algarabía te deja indiferente.
El clero, los burócratas, las ferias, los congresos
son las pinzas potentes de un malvado cangrejo,
las enormes marmitas en las que se recuecen
las almas de los vivos hasta hacerse una pasta
finamente homogénea.

Los hijos de Saturno no pasarán por eso.
Cogerán su maleta y luego partirán
a ese lugar remoto que no figura en mapas,
que sólo ellos conocen.

 

 

 

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Tema con variación

Los que se fueron antes
Nadie sabe por qué
Afirman
Los descreídos
Los resabidos

Los que se fueron
Afirmo
Sus razones tuvieron

Los que se fueron antes
Nadie sabe por qué
Afirman
Los descreídos

Los que se fueron
Sus razones tuvieron

 

 

 

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Cuando reverdezca el campo
Cuando florezca la mandrágora
Cuando crezca el caudal del río

El camino emprenderé
Si los hados me son propicios

El camino que discurre
Paralelo al río
Remontando la corriente

El camino que se adentra
En el corazón de la sierra

Ese camino inexplorado
Que adónde lleva
No sé

Tan sólo
Que se adentra
En el corazón de la sierra

 

 

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[Mi estado es la zozobra]

Mi estado es la zozobra
mi música el embate
de las furiosas olas

Y sin embargo canto

Mientras aliente en mí
un átomo de vida
modularé la voz
y entonaré canciones
con sabor a salitre
con algas en la playa
con barcos que se alejan
con manos que se agitan
en un último adiós

 

 

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[Conquistar un lugar]

Conquistar un lugar
fuera de las miradas
al abrigo del miedo
donde pueda olvidar
lo que me han enseñado
donde pueda aprender
a vivir nuevamente

Conquistar un lugar
inaccesible a todos
donde sólo yo pueda
entrar salir estar
un reducto de paz
con murallas de luz
donde ser uno mismo

 

 

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En el cuarto de baño
lavándome la boca
mirándome al espejo
me dedico a pensar

pienso en cosas sencillas
agradables inocuas
pienso en esto en lo otro
en lo de más allá

por supuesto es un juego
porque nunca me acuerdo
con certeza después
de en qué he estado pensando

porque me siento bien
porque todo consiste
en llevar el compás

en seguir dócilmente
el mandato del ritmo

de mi ritmo interior

 

 

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Poema 11
Tablilla XI

En el camino de regreso a Uruk tiene lugar un percance. Su protagonista es un animal emblemático que desde entonces, hace más de cuatro mil años, forma parte de la historia literaria y religiosa de Occidente.
El héroe que todavía no ha comido la planta y por tanto sigue siendo un simple mortal, se para a descansar al lado de una fuente de agua fría, donde se baña.
Una serpiente aprovecha la ocasión y se lleva la planta abandonada. Cuando Gilgamesh descubre el robo, derrama abundantes lágrimas lamentando su descuido.
No será el hombre quien alcance la inmortalidad sino la serpiente que, mudando su piel, renacerá y recuperará la lozanía eternamente.
Los ímprobos trabajos de Gilgamesh han sido vanos. Todavía peor: el fruto de sus penalidades está en posesión de un reptil.
Sobreponiéndose a ese infortunio, le dice a su compañero de viaje, el barquero Urshanabi, que preparará sus cosas y seguirá adelante.
Cuando llegan a Uruk, Gilgamesh se enorgullece de sus murallas construidas por hombres, de esa gigantesca obra que desafía al tiempo.

El olor de la planta
atrae a la serpiente

Allá veo su huella

Sigilosa, reptando
salió de su agujero

Allá veo su huella

Sigilosa, reptando
regresó a su agujero

Con la planta en la boca

La gesta de Gilgamesh acaba aquí, ante las murallas de Uruk, que fue también donde empezó este poema de configuración circular.

Tablilla XII

La tablilla XII parece ser un añadido posterior, como lo demuestra el desconcertante hecho de que aparezca Enkidu, que había muerto y descendido al mundo subterráneo.
Es posible también que este último episodio sea un conjuro realizado por Gilgamesh para hablar con el espíritu de su amigo.
La planta de la inmortalidad, según se precisa en el Poema de Gilgamesh, es semejante al licio espinoso (Lycium barbarum y también Lycium chinense).
El licio es una solanácea de conocidas propiedades. Su fruto es una baya roja que se comercializa por la gran cantidad de sustancias nutritivas que contiene. Sus beneficios para la salud son múltiples, aunque no todos están probados científicamente. La lista es larga. Cabe destacar que fortalece el corazón, el sistema inmunitario, el hígado, los riñones, etc.
Es tan útil que no es exagerado calificar de milagrosa a esta planta. No se le atribuyen, al menos explícitamente, cualidades rejuvenecedoras, pero está fuera de duda que contribuye a preservar el organismo humano y mejorar su funcionamiento.
En el Poema de Gilgamesh no se trata de una planta terrestre sino acuática, de una especie de licio que nace y crece en el fondo del mar.
Cabe pensar que, dado el medio tan especial donde vive, sus propiedades prodigiosas se potencien hasta el punto de conceder la inmortalidad y la juventud a los que la comen.

 

 
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Poema 9
Tablilla XI
La esposa de Ut-Napishtim se apiada de Gilgamesh, que ha hecho un viaje tan largo y se ha enfrentado a tantos peligros, demostrando sobradamente su valentía y su tenacidad.
Ut-Napishtim condesciende a revelar un secreto que permitirá al héroe obtener la inmortalidad.

En el fondo del agua
crece una planta
una planta fragante

Apodérate de ella

En el fondo del agua
crece una planta
una planta mirífica

Apodérate de ella

Poema 10
Tablilla XI

Gilgamesh llega al fondo del agua y arranca la planta que renueva el aliento de la vida. Grande es su alegría. Cuando la coma, volverá para siempre a los hermosos años de la juventud.

Dos grandes piedras
ato a mis pies
y me sumerjo

Llego hasta el fondo
a tientas busco

Por fin la tengo

 

 
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Poema 7
Tablilla XI

El indigno proceder de los dioses es confirmado por Ut-Napishtim en su narración del diluvio.

Los dioses son
criaturas insaciables
que acuden presurosas
como enjambres de moscas
al olor del incienso
y de los sacrificios
tan sólo les importan
ofrendas, reverencias
complicados rituales

Poema 8
Tablilla XI

El gran regalo de la inmortalidad que los dioses hicieron a Ut-Napishtim y su esposa, no se repite. Ut-Napishtim desafía a Gilgamesh a permanecer despierto seis días y seis noches, pero el héroe está agotado y se queda dormido en cuclillas. Este decaimiento provoca las burlas de Ut-Napishtim que dice a su mujer: “Mira al hombre fuerte que desea la inmortalidad: el sueño lo ha vencido”.

Incansable viajero
¿qué fue de tu firmeza?
¿qué fue de tu valor?

 

 
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Poema 5
Tablilla X

Para llegar a su destino, Gilgamesh tiene que salvar las aguas de la muerte. Sólo el dios Shamash ha realizado esa proeza.
Acude entonces al barquero Urshanabi para cruzar ese mar de aguas negras y profundas, de aguas tan peligrosas que debe evitar cualquier contacto con ellas.
Si este primer Caronte de la historia de la literatura accede a su petición, Gilgamesh podrá seguir adelante, pero si se niega, tendrá que regresar.
Por fortuna, el barquero acepta y, tras un viaje que duró un mes y dieciocho días, llegaron a la isla donde vive Ut-Napishtim.
Este hombre y su mujer sobrevivieron al diluvio y los dioses les concedieron la inmortalidad.
Gilgamesh les cuenta sus aventuras y reconoce ante ellos no haber encontrado nada que sea feliz en la tierra. Por último expone su deseo.
Ut-Napishtim se escandaliza de esa pretensión y le pregunta cómo ha tenido la osadía de plantear esa cuestión en la asamblea de los dioses.

Experto batelero
debo cruzar
estas aguas profundas

El batelero ríe
y lo invita a subir
en la barcaza

El batelero ríe
mostrando
su boca desdentada

Poema 6
Tablilla XI

La pintura que Gilgamesh hace de los dioses, es deplorable. La ordinariez de sus modales es penosa, más propia de humanos groseros que de seres divinos. Su comportamiento respecto al héroe varía de la indiferencia a la cólera. Les desagrada que les vengan con gaitas. Ellos van a lo suyo que es banquetear sin descanso.

Los dioses
se enfurecieron
me contemplaron
apenas un momento
comían y bebían
los más benévolos
forzando una sonrisa
mascullaron inanes
palabras

 

 

 
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