Feeds:
Entradas
Comentarios

Archive for the ‘Anotaciones’ Category

107.-“A estas alturas de mi vida” dice Emma, “sé bien lo que quiero y lo que no quiero. Me interesa administrar mi energía, no malgastarla manteniendo conversaciones forzadas, tratando de complacer a quien me trae sin cuidado, o, lo que es todavía más lastimoso, quedándome con la boca entreabierta y los ojos fijos en mi interlocutor cuando un ardite me importa la batalla o la proeza que escancia, emulando al bobo de Coria al que, además, se le caía la baba, contingencia que, en caso de persistir en esa actitud, no hay que descartar.

“La atención es un pago que realizamos al oyente, según los anglohablantes. Un hecho como cualquier otro: fregar, ir de compras, realizar una gestión administrativa, según los francohablantes. Un préstamo para los hispanoblantes, que al parecer cuentan con que te van a devolver el esfuerzo. Fineza esta harto cuestionable pues, como es sabido, el mundo está lleno de morosos e insolventes. Los impagos están a la orden del día, máxime cuando se trata de manifestar una actitud receptiva, de mostrar un interés y una educación que no van a constituir el objeto de una demanda judicial.

“Después está el tiempo que, a medida que transcurre, se acelera más. Al principio parece estático, como si, recién salido de la eternidad, compartiese todavía con esta en gran medida su naturaleza inmutable. Los días se alargan cansinamente, cualquier acontecimiento se retrasa tanto que da la impresión de alejarse en lugar de aproximarse.

“Esta percepción trae consigo que concedamos escasa importancia al tiempo, que lo gastemos a manos llenas como si fuese un tesoro inagotable. A partir de cierta edad esa actitud empieza a cambiar hasta invertirse completamente. Y una se dice que su tiempo no lo tiene para perderlo en tonterías. O si se quiere, sólo para perderlo en las tonterías de su elección. Al principio el tiempo sobra, es una realidad superabundante, abrumadora, pero va cundiendo cada vez menos hasta convertirse en una fina arena que se escapa fácil y raudamente por entre los dedos.

“Unos antepondrán dar un paseo solitario a ir de copas, otros los libros a los viajes, las cambiantes formas de las nubes a los programas de televisión, la soledad del campo al bullicio de la ciudad. O viceversa. La pregunta es: ¿qué compensa más?».

Emma lo tiene claro: “La vida social, las convenciones, los compromisos son una sangría”. Y precisa: “No la que tomábamos en nuestros guateques juveniles, sino la que practicaban en el brazo con una lanceta los médicos de antaño para, presuntamente, devolver la salud. En la mayoría de los casos sólo servía para debilitar al paciente aún más o para rematarlo”.

 

 

Licencia de Creative Commons
Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported.

Read Full Post »

Sobre la ciencia

26 de noviembre de 2011 032106.-La ciencia, al igual que la religión, requiere una buena dosis de fe. Las explicaciones científicas, todas ellas apabullantes, se suceden a lo largo de la historia, quedando orilladas o cayendo en el olvido algunas veces, y otras quedando rebasadas o mejoradas. Ni que decir tiene que la última edición es la inapelable. Ante la que sólo cabe hincarse de rodillas y decir amén, so pena de ser expuesto a la vergüenza pública con sambenito y capirote, o ser quemado en la hoguera de la excomunión si el hereje es contumaz.

El caso es que las teorías científicas, de cuya luz no podemos prescindir, no agotan el misterio, que juega a esconderse. Lo que ahora se descubre abre una puerta inquietante a lo desconocido. Lo que se pregonó como lo último es sólo otro peldaño de una escalera cuyo principio y fin están sujetos a especulaciones, afirmaciones y negaciones. Pero los creyentes de la ciencia no pierden la fe, ni es bueno que nadie la pierda, pues ya sabemos lo que ocurre cuando la razón se pone a roncar.

El caso es que el misterio escapa, retrocede, se muestra parcialmente, se vela, sigue envolviéndonos, pero no por ello hay que desanimarse. Quizá habría que flexibilizarse, no ser tan mamporrero cuando alguien se manifiesta agnóstico o escéptico con la ortodoxia, o no logra tomársela en serio al cien por cien, dejando abierta una rendija por la que pueda escabullirse la imaginación.

En materia doctrinaria la gran diferencia entre ciencia y religión es que a esta la fe del carbonero le basta. Con argumentos o sin ellos, en última instancia se cree. Pero con la ciencia esta fe simple, esta pura fe, es inviable. Ese acto tiene que venir arropado por demostraciones, experimentos, estadísticas, teoremas, publicaciones en revistas especializadas, etc. Es comprensible que, después de un trabajo tan arduo, se exija una fe sin fisuras.

Sólo después de haber establecido el dogma, que en su época de mayor esplendor es aplastante, se exige la fe.

Todo eso no constituye, sin embargo, un sistema inamovible, aunque en su momento de gloria su peso sea abrumador, sino una condensación de los conocimientos en un determinado periodo. Pero la ciencia no queda agotada en ese éxito, por más que los medios de comunicación voceen lo contrario.

En los tiempos que corren la religión se pone muchos menos moños. Demasiados pescozones le han dado y le siguen dando para no haber aprendido humildad y respeto.

En definitiva cada uno con su fe sigue adelante. Con lo que al menos una cosa queda clara: su necesidad.

 

 

Licencia de Creative Commons
Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported.

Read Full Post »

105.-Como si la hubiese provocado, Emma me replica tajante: “Sócrates no niega el mal. Él mantiene que nadie es malo voluntariamente. Quiere decir con eso que, si una persona conoce el bien o está lo bastante avanzada en ese camino, ese conocimiento la incapacita para hacer el mal. La imposibilita físicamente. Igual que si a ti te pidieran que levantases quinientos kilos”.

“O sea, que se es malo por ignorancia” “Eso es lo que afirma el marido de Jantipa. No equipara ignorancia y mal, que son dos realidades diferentes, aunque la primera es la puerta de entrada o facilita la emergencia del segundo, al cual no se le puede combatir o vedar el paso si uno permanece en ese estado de desconocimiento no de las ciencias o saberes prácticos sino de uno mismo. Y no de uno mismo en cuanto satisfacción de necesidades y placeres sino en cuanto exploración del misterio que somos.

“Cuando conoces el bien, no puedes hacer el mal. El conocimiento de lo que realmente te conviene es una traba que te impide realizar actos generadores de dolor y de pena. El mal encuentra en ti la puerta cerrada y no puede seguir extendiéndose».

“O sea, que cuando conocemos el bien, sólo podemos aspirar a él” “En efecto, pero ya he apuntado antes que por bien no hay que entender la anteposición de los deseos, la búsqueda de los beneficios personales, la imposición de mi voluntad, ese utilitarismo hedonista y miope tan en boga, ese subjetivismo nihilista que me sitúa en el centro del universo, transformándome en el único punto de referencia, ese antropocentrismo que, aunque se proclame optimista, no deja de ser una manifestación de egocentrismo y, en los casos graves, de egolatría.

“Normalmente tomo las decisiones a partir de ese planteamiento erróneo. Digo que es bueno aquello que lo es para mí, aunque arrastre consecuencias dañosas para otros. Esta es una forma de inflar monstruosamente el yo (hay auténticos globos aerostáticos flotando en las alturas) y de contribuir a la mala marcha del mundo. Pero esto no es bien ni siquiera a nivel casero.

“Sólo nos salva el conocimiento de lo que es esencial, de lo que nos desborda, de lo que nos supera, no siendo el ser humano más que un camino hacia esa verdad trascendente. Quien es consciente de esto, quien se orienta en esta dirección, el sabio, el verdadero filósofo, ese no obra el mal. Nadie tira piedras sobre su propio tejado.

“Pero no hace falta ser sabio o filósofo para compartir esta idea. Basta pararse un poco y pensar. ¿Hay algún otro medio de salir de atolladero existencial aparte de este?

“No se puede identificar la ignorancia, que es un estado, con el mal, que es una realidad. La ignorancia posibilita su expansión y desprecia sus estragos, pero el ignorante no es forzosamente malo. Ahora bien, el malo, además de serlo, es también un ignorante».

“¿Tú estás segura de que ese conocimiento de lo esencial es el antídoto del mal?” “Claro que sí. Yo soy socrática” Me mira con ojo crítico y añade: “Ya veo que eres otra víctima de la posmodernidad” “No niego haber sufrido mordeduras, pero de ahí a afirmar que estoy muerto hay mucha distancia” “Ya. Tú eres de los que quieren creer pero no pueden, un escéptico a pesar tuyo” “Estás cargando las tintas”.

 

 

Licencia de Creative Commons
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported.

Read Full Post »

16 de abril de 2013 046104.-En la película de Buñuel aparecen dos apriscos, dos lugares “conclusus” con un “numerus clausus” de personas. También son susceptibles de ser interpretados como simples callejones sin salida.

El primero de ellos ocupa la mayor parte de la película, se extiende espacialmente a través de ella. El espectador puede disfrutar largo y tendido del comportamiento de los personajes estabulados, que en semejante situación no tardan mucho tiempo en manifestarse tal como son.

Este primer aprisco lo constituye la burguesía y sus miserias. El segundo, que cierra la historia y se erige en golpe de gracia al ingenuo espectador, que se creía liberado de la claustrofobia, lo es la Iglesia católica y sus rituales.

Uno y otro son dos círculos infernales en los que quedan no misteriosamente sino justicieramente atrapados sus miembros.

Y cuando logran escapar de esos rediles, como expone Buñuel en “El discreto encanto de la burguesía”, las desnortadas ovejas vagan errantes por una carretera. Ni burgueses ni creyentes saben adónde van.

En ninguna de las dos películas se ofrece una alternativa, bien por desconocimiento, bien por inexistencia. O a lo mejor ese dato oculto es el auténtico enigma que hace tan sugerentes esas propuestas cinematográficas.

El espectador, en cuyas manos queda su desciframiento, puede pensar perfectamente que la solución a esos sinsentidos encarnados en los dos estamentos analizados no es otra que las nomenclaturas. Aunque verdad es que estas nada tienen que envidiar a esos apriscos denunciados satíricamente por el vecino de Calanda.

 

 

Licencia de Creative Commons
Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported.

Read Full Post »

CSC_0103102.-Me cuenta Emma la última reunión que tuvo con sus amigas, a la que todas asisten elegantemente vestidas y sutilmente perfumadas (cita, entre otras fragancias caras, L’Air du Temps, Eternity y Roma). “¿Y Chanel nº 5?” “Esa, con todo el caché que tiene, se les ha atravesado” “¿Y tú qué te pones” “Agua de colonia Heno de Pravia” “Tampoco es eso ¿no?” “Me estás distrayendo”.

Y sigue refiriéndome ese encuentro en una cafetería céntrica, del que volvió con una irritación que todavía le dura. Incluso piensa en dejar de asistir a esos tés con pastas inglesas de pura mantequilla y limón de Sicilia en los que se habla mucho y no se dice nada. “Tus amigas son unas exquisitas” “No siempre lo han sido” precisa Emma.

En esta ocasión el gallinero estaba alborotado. Las señoras planeaban su enésimo viaje. Esa perspectiva las animaba sobremanera y les desataba la lengua.

Había otra causa desencadenante de esa alteración injustificada, pues ellas estaban acostumbradas a frecuentar aeropuertos y a desenvolverse en el extranjero. Una de ellas que no se había sumado al proyecto por su delicado estado de salud, había cambiado de opinión.

La susodicha se llamaba Amparo y había estado grave. De hecho estaba todavía convaleciente. Emma no nombró la enfermedad ni yo pregunté nada.

Satisfechas y orgullosas por la decisión que Amparo había tomado, sus amigas manifestaban una euforia que a Emma le resultaba teatrera.

“Todas miraban a Amparo como a una heroína. Los tópicos que se vertieron en ese momento, los puedes imaginar. Desde a vivir que son dos días a esto es lo que vamos a sacar de la vida” “¿En referencia a los viajes?” “Claro. Pero nosotros sabemos que hay otras formas de disfrutar de la vida de las que los trenes, los autobuses y los aviones están ausentes, y no por ello son menos gratificantes” “Desde mi punto de vista lo son más”.

“Bien, te sigo contando” “No vayas a decirme que sacaron a hombros de la cafetería a Amparo” “Poco faltó.

“El hecho de que, aún no repuesta, medicinándose, es decir, sin tenerlas todas consigo, lanzase el sombrero al aire, fue visto como un gesto insuperable.

“Alabaron su espíritu aventurero que era un ejemplo para ellas, según declararon, y la felicitaron efusivamente por su admirable comportamiento.

“Así que llevará un neceser en exclusiva para sus comprimidos, jarabes y parches, que tendrá siempre cerca de ella, y volará a Samarcanda”.

“Evidentemente” concluyo “nosotros no somos representativos, yo todavía menos que tú, de estos tiempos macanudos” “Lo que me choca” explica Emma “es que esa compulsión por los viajes sea la única actitud aceptable. Como si en la vida no existieran otras posibilidades”.

“A ti te propondrían también que te apuntaras” “E insistieron. El principal argumento era que nadie podía negarse a conocer esa ciudad que ha sido declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco” “Tú les demostraste que sí” “Es una obligación cívica en estos tiempos macanudos dejar constancia de otros modos existenciales”.

 

 

Licencia de Creative Commons
Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported.

Read Full Post »

101.-“Él es así” dicen en plan justificatorio, convirtiendo esa afirmación en el salvoconducto que permite al encausado hacer su santa voluntad. Es lógico que en personas sensatas esa afirmación provoque estupor porque, se mire como se mire, no se sostiene.

Como él es así, hay que aceptar su desconsideración, su impuntualidad, su desorden. Y hay que soportar su malhumor, sus exigencias y sus bromas de mal gusto. Al parecer los demás sólo existen en función de su persona, sólo tienen realidad en la medida en que aceptan y soportan.

Como él es así, aunque sea un terrorista o un violador, no cabe otra posibilidad que hacer una gentil reverencia. Sólo los que “son así” tienen peso y volumen. Los que piensan que se puede ser de otro modo, por el contrario, son hojas volanderas.

Por supuesto, no estamos hablando de criminales, ni siquiera de delincuentes, sino de las personas que nos rodean (familia, amigos, compañeros de trabajo, vecinos…). Ni tampoco de personas con limitaciones físicas, psíquicas o intelectuales que las incapacitan para realizar determinadas tareas o ajustarse a ciertas pautas de comportamiento. Sino más bien de los frescales que en el “yo soy así” han encontrado la coartada perfecta para hacer de su capa un sayo.

Estamos hablando de personas en total posesión de sus facultades físicas y mentales, como suele decirse cuando alguien hace testamento. O sea, que saben bien lo que hacen o dejan de hacer. Son personas con conciencia y determinación en suficiente grado para tener en cuenta al prójimo.

Este argumento cazurro de la “eseidad” es un ataque directo a la convivencia y al sentido común. A quien se acoge a él bastaría con aplicárselo para que bajara del burro, pero quienes deberían realizar ese ingrato trabajo, son respetuosos y rehúsan prestarse a ese juego.

Desenmascarar a esos trápalas no es difícil. Lo realmente penoso es codearse con ellos. El tocanarices más grande de la historia convirtió la denuncia de esas sofisterías en la misión de su vida, y con esta acabó pagando su celo por buscar y establecer la objetividad.

Ningún mercachifle acepta de buena gana quedar al descubierto con la maestría que empleaba Sócrates, el cual ponía la guinda cuando declaraba que él era un mero servidor de la verdad. Y esto lo decía después de haber desarmado dialécticamente al contrario y haber puesto de manifiesto sus contradicciones e imposturas.

Sócrates no quería llevarse el gato al agua. Quería que la verdad emergiese, quería instaurar unas reglas que no excluían ni la razón ni el mito, y de esta forma hacer posible el desarrollo individual y el intercambio social. Sobre esa aspiración, los charlatanes de todos los tiempos, los que anteponen su manera de ser, aquellos a los que es necesario comprender porque son como son, bailan el fandango y tocan las castañuelas. Y hay quienes los ven tan salerosos que no dudan en acompañarlos con las palmas.

 

 

Licencia de Creative Commons
Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported.

Read Full Post »

30 de mayo de 2015 034100.-La realidad está sujeta a interpretación. Todo lo está. Pero hay interpretaciones disparatadas, tendenciosas, malignas, traídas por los pelos. Hay interpretaciones que sólo demuestran que su autor desconoce el tema o no ha leído el libro o ha recorrido las líneas a salto de mata porque antes de empezar ya sabía cuáles iban a ser sus conclusiones.

La interpretación tiene sus límites. No es una viña sin vallado donde se entra y se sale a su antojo. No es una coartada para imponer su punto de vista. Para camuflar lo que, en el mejor de los casos, no es más que una opinión, probablemente ni siquiera respetable.

La interpretación no es tampoco una ciudad sitiada que los invasores saquean sin contemplaciones. De esta forma se la arruina pero en absoluto se la conoce.

Nadie puede afirmar, aunque la economía juegue un papel importante, que “El mercader de Venecia” es el relato de una transacción mercantil. O que “Otelo” es un alegato contra el racismo.

Ciertamente la hermenéutica es el campo donde el relativismo y los intereses sesgados hacen su agosto. La única manera de evitar esos desmanes, de poner coto a esas razias, es remitiéndose y sometiéndose a la verdad, que no es tarea fácil conquistar, y a cuya aproximación debemos aplicarnos.

Esto quiere decir que hay intérpretes que se acercan más a ella, que la honran más que aquellos para quienes esa señora ni siquiera existe, para quienes con sólo escuchar su nombre les entra la risa floja.

Para Platón no había dudas al respecto. La verdad, la belleza, la bondad, etc. son Ideas de las que participan todas las cosas de este mundo en mayor o menor medida. Esa referencia arquetípica es la que permite salir del atolladero de los subjetivismos furibundos y de las manipulaciones vergonzosas. La que permite establecer una jerarquía legítima y no meter en el mismo saco una visión infantiloide o infame de la realidad con otra compleja y profunda, realmente desveladora.

Si prescindimos de lo absoluto, lo que nos queda es lo relativo, ese río revuelto donde los pescadores más cucos llenarán sus redes en beneficio propio. Es decir, donde los intérpretes más desaprensivos impondrán su ley.

La única forma de evitar semejante desaguisado no es la coincidencia de opiniones sino el acatamiento de la verdad, que quizá no sea de este mundo pero que es el faro que impide su naufragio.

 

 

Licencia de Creative Commons
Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported.

Read Full Post »

CSC_017599.-“Estoy hasta el gorro del whatsapp«, declara Emma mirando de reojo su móvil, como si fuese una animalillo traicionero que en cualquier momento le puede hacer una faena.

“No sabes la cantidad de mensajes que recibo al cabo del día. Hay ciertas horas en que –y titubea un momento– el telefonito –iba a llamarlo bicho– no para de lanzar llamadas. Una de mis amigas confiesa que no puede abstenerse de obedecer y acude corriendo a la señal. No es mi caso. Cada vez me muestro más reacia. ¿Yo, que he sido siempre tan rebelde e inmanejable, me voy a plegar ahora a un chisme?”.

“Cuesta trabajo concebirte en actitud tan servil” confirmo.

“Estoy por borrarme de los grupos de los que formo parte, incluido al que me apunté voluntariamente. No te quiero contar a los que accedí graciosamente a integrarme, a los que consentí para no hacer un feo a quien me lo propuso.

“Hay miembros de esos grupos que ignoro de dónde sacan tiempo para enviar textos y fotos con tanta frecuencia. Da la impresión de que, cada vez que hacen algo, lo que quiera que sea: una compra, entrar o salir de casa, fumarse un cigarrillo o sacar dinero del cajero automático, lo notifican.

“Normalmente te sientes obligada a responder y consignar por escrito la banalidad que en ese preciso momento estás desarrollando.

“Lo que sobrellevo peor son las crónicas de viajes. En esa coyuntura las fotos se multiplican. Se puede afirmar que foto que hacen, foto que reexpiden in situ y en el acto.” “Claro” apunto “como todo ese trabajo se hace con el mismo aparato” “Eso facilita el bombardeo”.

“¿Por qué las crónicas de viajes?” “De viajes, de bodas, de bautizos, de fiestas, de cualquier acontecimiento social…Tengo mis dudas de que el objetivo de esa actividad sea meramente informativo” “No te entiendo” “No quiero ser más malpensada de lo que es menester, pero, consciente o inconscientemente, no se puede negar que la intención es dar dentera. No hace falta que glose este punto: mira adónde he ido, mira lo que he hecho, mira la langosta que me estoy comiendo, etc.”.

“Aunque no soy muy viajera, tampoco soy tan sedentaria como tú. Así que esa profusión de imágenes acompañadas de las correspondientes notas encomiásticas me resulta, cuando menos, molesta. Y a menudo irritante. De hecho, le estoy cogiendo ojeriza a Venecia y a Roma, entre otras ciudades y regiones.

“¿Tú no ves malignidad en esa práctica? ¿Por qué lo primero que algunos hacen es mandar un whatsapp a los componentes del grupo que están todavía en la cama esperando que suene el despertador, o que se están mirando en el espejo con cara de pocos amigos, para comunicarles: estamos en Florencia, desayunamos rápido, vamos a visitar la Galería Uffizi y Santa María del Fiore?”.

“Es verdad que no soy viajero. O quizá sea más exacto decir que me gusta viajar en unas condiciones ideales que no pertenecen a este mundo masificado y turístico. Comprendo tu malestar, y que cuestiones la sana intencionalidad de esa proliferación de mensajes, cuya evaluación es asunto tuyo que eres la que posees los datos y la que conoces a las personas”.

“¿Tú no perteneces a ningún grupo?” “Voy a incrementar mi fama de raro, pero la respuesta es negativa. De momento me mantengo al margen de esa modalidad comunicativa”.

 

 

Licencia de Creative Commons
Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported.

Read Full Post »

DSC_000698.-Hablamos de la maternidad. Opino que lo más importante para la mujer no son los padres ni los hermanos ni el marido. Ni siquiera las amigas. Lo más importante para una mujer, si los tiene, son los hijos. Lo son cuando son chicos, medianos y grandes. Lo son siempre. Desde que nacen, es decir, desde que ellas los traen al mundo, hasta que mueren. “No siempre es así” replica Emma. “De acuerdo. Esto no es una regla matemática. Por supuesto hay madres desnaturalizadas, muchas menos que padres, que se desentienden de sus hijos. Personalmente conozco pocos casos. Algunos cinematográficos como la madre de “Sonata de otoño”, interpretada por Ingrid Bergman, que ni siquiera se molesta en ir a ver a su hija con una grave enfermedad neurológica, la cual la ha escuchado y se ha puesto muy agitada. A su otra hija, encarnada por Liv Ullmann, la madre, fastidiada, le dice: “Ahora no, más tarde” (o algo por el estilo). Y eso que su otra hija le hace notar el estado de excitación que ha producido en su hermana oír la voz de la madre.

“Otro caso es el de la madre de “Las horas”, a cargo de Julianne Moore, que abandona a sus dos hijos, uno de los cuales la ve fugarse desde la ventana. El otro es un recién nacido.

“Y también conozco otro caso real en que, alegando la propia realización, aleja lo más posible ese problema de sí. Quiero decir que interna al hijo afectado de una severa discapacidad en una institución. No en cualquiera. En la mejor.

“Confieso que se me revuelven las tripas. También me ocurre lo mismo con los padres que se inhiben de su responsabilidad y, de una u otra manera, se despreocupan de sus hijos. La tragedia es similar.

“Pero decía que lo más importante para una mujer, si los tiene, son los hijos. El lazo que los une a ellos no es sólo emocional, como con los padres, sino físico. Ellas los han tenido dentro de su propio cuerpo.

“Y no vayas a pensar que estoy concediendo más importancia a la maternidad que a la paternidad. Las dos son igualmente necesarias. Pero la segunda se diluye con más facilidad. De la primera no voy a afirmar que es insoluble, pero tiene un componente fisiológico que dificulta grandemente su disgregación. Por supuesto, no estoy hablando de que los hijos se independicen y haya que asumir ese hecho”.

Emma no me interrumpe durante mi exposición. Presta atención sin asentir ni negar. Cuando he acabado, comenta: “Entonces lo más importante para una mujer son los hijos. ¿A quién se lo has escuchado?” “A la vendedora negra que monta su puesto a la entrada del mercadillo. Todo lo que he contado no es más que un desarrollo de lo que dijo esa mujer a boca llena, sin complejos, ante un pequeño auditorio de blancas”.

Y concluyo: “Al matriarcado donde le duele es en los hijos” “¿Y al patriarcado dónde hay que darle?” “Tiene dos puntos flacos: su bolsillo y su tranquilidad”.

 

 

Licencia de Creative Commons
Este obra está bajo una licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported.

Read Full Post »

« Newer Posts - Older Posts »