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Archive for the ‘Antología’ Category

En el momento más inesperado, un gesto inofensivo, anodino, se convierte en un aldabonazo que nos despierta. En un detonante que dispara la alarma del absurdo.
Nuestros actos se revelan entonces como un artificioso entramado que apenas basta para recubrir la boca de ese pozo.

Esos gestos inútiles,
esas voces inútiles:
la del que vende juguetes que nadie compra,
la del que exhibe corbatas que producen risa.
Esa mano abierta en la lluvia,
(…)
esos gestos de nada.
Esa voz de «doctor, sálvela»;
las palabras humildes,
la mirada suplicante ante lo inevitable,
(…)
Todo lo sin motivo,
lo triste, lo pueril, lo ineficaz,
como este verso mío que no leerá nadie,
como el golpe de sol en los ojos del ciego.

Agustín de Foxá, Lo inútil

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Al parecer, Cernuda no descubrió esa verdad con la que traicionar a su soledad. Lo que halló en esa búsqueda le produjo hastío, asco incluso.
Así que vuelve a ella, a su “soledad de siempre”, y se encuentra a sí mismo, al que fue antes de perderse, y las únicas cosas auténticas: el sol, la noche, la lluvia…y el mar, cuya visión propicia esta declaración:

(…)
Acodado al balcón miro insaciable el oleaje,
Oigo sus oscuras imprecaciones,
Contemplo sus blancas caricias;
Y erguido desde cuna vigilante
Soy en la noche un diamante que gira advirtiendo a los hombres,
Por quienes vivo, aun cuando no los vea;
Y así, lejos de ellos,
Ya olvidados sus nombres, los amo en muchedumbres,
Roncas y violentas como el mar, mi morada,
Puras ante la espera de una revolución ardiente
O rendidas y dóciles, como el mar sabe serlo
Cuando toca la hora de reposo que su fuerza conquista.
(…)

Luis Cernuda, Soliloquio del farero

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«Las jaras tienen posadas en sus ramas sus propias flores, liviano enjambre de vagas mariposas blancas, goteadas de carmín». J.R. Jiménez

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La fe

[…] Le juste vit vraiment de la foi car elle remplace pour lui la plupart des sens de la nature: elle transforme tellement toute chose qu’à peine les anciens sens peuvent-ils servir à l’âme: elle ne perçoit que de trompeuses apparences […] Les sens nous séduisent par les beautés crées, la foi pense à la beauté incréée et prend en pitié toutes les créatures qui sont un néant et une poussière à côté de cette beauté-là. […] Les sens s’effraient de ce qu’ils appellent des dangers de ce qui peut amener la douleur ou la mort, la foi ne s’effraie de rien, elle sait qu’il ne lui arrivera que ce que Dieu voudra […] et ce que Dieu voudra sera toujours pour son bien […] Ainsi quoi qu’il puisse arriver, peine ou joie, vie ou mort, elle est contente d’avance et n’a peur de rien. Les sens sont inquiets du lendemain, se demandent comment on vivra demain, la foi est sans nulle inquiétude […] Ainsi la foi éclaire d’une lumière nouvelle autre que la lumière des sens […] Ainsi celui qui vit de foi a l’âme pleine de pensées nouvelles, de goûts nouveaux, de jugements nouveaux ; ce sont des horizons nouveaux qui s’ouvrent devant lui, horizons merveilleux qui sont éclairés d’une lumière céleste […]

Charles de Foucauld

El justo vive verdaderamente de la fe, que sustituye para él a la mayor parte de los sentidos de la naturaleza: transforma de tal modo todas las cosas que los antiguos sentidos apenas pueden servir al alma, que sólo percibe a través de ellos apariencias engañosas […] Los sentidos nos seducen con las bellezas creadas, la fe piensa en la belleza increada y se compadece de todas las criaturas que son nada y polvo al lado de esta belleza […] Los sentidos se espantan de lo que llaman peligros que pueden conducir al dolor o a la muerte, la fe no se espanta de nada, sabe que sólo le ocurrirá lo que Dios quiera […] y lo que Dios quiera será siempre para su provecho […] Así, pase lo que pase, pena o alegría, salud o enfermedad, vida o muerte, está contenta de antemano y no tiene miedo de nada. Los sentidos están preocupados por el futuro, se preguntan cómo se vivirá mañana; la fe no tiene ninguna preocupación […] Así, la fe ilumina todo con una luz nueva diferente a la luz de los sentidos […] Así, el que vive de fe tiene el alma llena de pensamientos nuevos, de gustos nuevos, de juicios nuevos; nuevos horizontes se abren ante él, horizontes maravillosos que están bañados en una luz celeste […]

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La capacidad evocadora y cromática de este texto suscita una inmediata visión interior del paisaje descrito.

Ahí está el ocaso, todo empurpurado, herido por sus propios cristales, que le hacen sangre por doquiera. A su esplendor, el pinar verde se agria, vagamente enrojecido; y las hierbas y las florecillas, encendidas y transparentes, embalsaman el instante sereno de una esencia mojada, penetrante y luminosa.
(…)Platero, granas de ocaso sus ojos negros, se va, manso, a un charquero de aguas de carmín, de rosa, de violeta; hunde suavemente su boca en los espejos, que parece que se hacen líquidos al tocarlos él; y hay por su enorme garganta como un pasar profuso de umbrías aguas de sangre.

Juan Ramón Jiménez

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He aquí algunos fragmentos del largo poema Estanco , que constituye una desasosegante comprobación de quien fue al puerto de Lisboa a recibir al mago y ocultista Aleister Crowley.

No soy nada.
Nunca seré nada.
No puedo querer ser nada.
Esto aparte, tengo en mí todos los sueños del mundo.

Ventanas de mi cuarto
(…)
dais al misterio de una calle cruzada constantemente por gente,
a una calle inaccesible a todos los pensamientos,
real, imposiblemente real, verdadera, desconocidamente verdadera
(…)
Dejo la ventana, me siento en una silla. ¿En qué he de pensar?

¡Qué sé yo lo que seré, yo, que no sé lo que soy!
¿Ser lo que pienso? ¡Pienso ser tantas cosas!
Y tantos hay que piensan ser la misma cosa que no podrán serlo tantos.
¿Genios? En este momento
cien mil cerebros se conciben en sueños tan genios como yo,
y la historia no marcará, ¿quién sabe?, ni a uno solo,
ni quedará más que estiércol de tantas conquistas futuras.
(…)
¿En cuántas buhardillas y no-buhardillas del mundo
no habrá a estas horas genios-para-sí-mismos soñando?

Fernando Pessoa

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La ciudad


La ciudad la llevamos
bien dentro de nosotros
dondequiera que vamos.

La ciudad, ¿lo comprendes?,
aunque nos rebelemos,
nos acompaña siempre.

No hallarás otras tierras,
otro mar no hallarás.
La ciudad está en ti
dondequiera que vas.

He aquí algunos fragmentos del poema de Konstantino Kavafis, del que el mío es un reflejo:

Dices: Iré a otra tierra, a otro mar
y una ciudad mejor con certeza hallaré.
Pues cada esfuerzo mío está aquí condenado
y muere mi corazón
(…)
No hallarás otra tierra ni otro mar.
La ciudad irá en ti siempre. Volverás
a las mismas calles (…)
La ciudad es siempre la misma. Otra no busques: no la hay,
(…)

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[Cada vez que me sorprendo]

«Cada vez que me sorprendo poniendo una boca triste; cada vez que en mi alma hay un noviembre húmedo y lloviznoso; cada vez que me encuentro parándome sin querer ante las tiendas de ataúdes; y, especialmente, cada vez que la hipocondría me domina de tal modo que hace falta un recio principio moral para impedirme salir a la calle con toda deliberación a derribar metódicamente el sombrero a los transeúntes, entonces, entiendo que es más que hora de hacerme a la mar tan pronto como pueda. Es mi sustitivo de la pistola y la bala. Con floreo filosófico, Catón se arroja sobre su espada; yo, calladamente, me meto en el barco. No hay nada sorprendente en esto. Aunque no lo sepan, casi todos los hombres, en una o en otra ocasión, abrigan sentimientos muy parecidos a los míos respecto al océano».

Hermann Melville, Moby Dick

 

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[La poesía es conocimiento]

Sobre la imposibilidad de definir la poesía.

“La poesía es conocimiento, salvación, poder, abandono. (…) Pan de los elegidos, alimento maldito. (…) Invitación al viaje, regreso a la tierra natal. (…) Plegaria al vacío, diálogo con la ausencia (…). Oración, letanía, epifanía, presencia. Exorcismo, conjuro, magia. Sublimación, compensación, condensación del inconsciente. (…) Experiencia, sentimiento, emoción, intuición, pensamiento no-dirigido. Hija del azar, fruto del cálculo. (…) Locura, éxtasis, logos. Regreso a la infancia (…), nostalgia del paraíso, del infierno, del limbo. (…) Confesión, experiencia innata. Visión, música, símbolo. (…) Voz del pueblo, lengua de los escogidos, palabra del solitario. Pura e impura, sagrada y maldita (…), desnuda y vestida (…), ostenta todos los rostros pero hay quien afirma que no posee ninguno”.

Octavio Paz, El arco y la lira

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Dice Sócrates: “Ríndete, pues, a mis razones y sígueme por la ruta que te conducirá a la felicidad en esta vida y después de tu muerte, como acaba de demostrar este discurso. Sufre que se te menosprecie como a un insensato, que te insulten, si quieren, y hasta déjate abofetear sin protestar aunque te parezca infamante. Ningún mal te sucederá por ello si eres realmente un hombre bueno dedicado a la práctica de la virtud. Después que la hayamos cultivado en compañía, si lo juzgamos a propósito, intervendremos en los negocios públicos”. (Platón, Gorgias, o de la retórica)

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